Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Un enfoque distinto de la salud: El buen vivir en armonía con la red de la vida.

En Guatemala, así como en otros países de Centroamérica, el sistema de salud responde a un enfoque occidental, el cual se valida y se centra en sí mismo. Sin embargo, no siempre existieron los sistemas de salud (a como los conocemos hoy) ni la industria farmacéutica. Desde hace siglos los pueblos indígenas han utilizado y siguen recurriendo a las plantas, a las hierbas medicinales, a las comadronas, a las parteras, a sus guías espirituales y sanadores para prevenir y superar distintas dolencias y enfermedades del cuerpo y el alma. Cuentan con una sabiduría ancestral, que tiene mucho que aportar en tiempos como los que estamos viviendo.

La COVID-19 vino a sacudirnos la vida (literalmente). El impacto de la pandemia no respetó fronteras, credos, prácticas, condiciones de vida, estatus, situación económica, etnia, raza, edad, sexo e identidades. En este sentido, las fronteras se diluyeron y hoy más que nunca, dos llamados urgentes de atención, que desde hace décadas han estado diciendo los grupos ambientalistas y las poblaciones indígenas, cobran un sentido más directo y cercano: 1) lo que le hagamos al medio ambiente tiene un impacto directo en la humanidad y en toda expresión de vida en el planeta, porque la vida es interdependiente, plural y está interconectada. 2) La calidad de los alimentos que ingerimos y el estilo de vida que llevamos, nos hace más resistentes o más vulnerables para enfrentar dolencias, enfermedades y también…  pandemias.

Para Esperanza Tubac, mujer maya Kaqchiquel, coordinadora general de la Asociación Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras (AGIMS), existe una vinculación directa entre la medicina ancestral y la Madre Tierra, “porque es ella quien nos provee de alimentos y nos sostiene en este gran universo. Mi relación y experiencia con la medicina ancestral ha sido muy importante principalmente en el tema del COVID -19, en donde nos dimos cuenta que tenemos una gran riqueza que nos han heredado nuestras abuelas y abuelos en cuanto a la medicina ancestral”.

AGIMS es una organización que la conforman 2,500 mujeres, quienes decidieron poner en práctica todas las recetas ancestrales para enfrentarse a la pandemia. Afortunadamente encontraron muchas plantas y hasta la fecha, dentro de la organización no ha habido contagios. “Eso demuestra una vez más que nuestras abuelas tenían conocimientos sabios y ha sido maravilloso porque hemos puesto en práctica la mayor cantidad de tés posible para poder contener esta pandemia. Muchas desconocíamos que en el patio de nuestras casas están las medicinas ancestrales. También nos dimos cuenta que nuestras ancestras vivían más años que nosotras, porque ellas no consumían químicos y todo era natural”, expresa Esperanza.

La salud desde el enfoque del buen vivir

Según Ana Cumes, mujer maya del pueblo Tz´utujil, coordinadora general de la Red Departamental de Mujeres Sololatecas con Visión Integral (REDMUSOVI), la salud es entendida por los pueblos originarios como el buen vivir, en el sentido de que, si hay salud, hay vida. Desde los pueblos originarios es fundamental que las personas tengan buena salud para enfrentar la vida, para poder estar en familia y en comunidad.

La salud es parte esencial de la vida digna, sin embargo, la buena salud ha ido en detrimento, uno por la pandemia y segundo por la mala calidad de la alimentación, en donde lo que se ingiere no es orgánico, ni fresco.

El aumento de alimentos procesados o de comida rápida y el incremento de su consumo también ha afectado a los pueblos indígenas y es evidente su vínculo con distintas enfermedades que pueden observarse hoy en las comunidades.

“Nos hemos alejado de lo natural. Ahora la comida que se consume en muchas partes es procesada. Se está dejando el consumo de verduras y frutas frescas, por eso, los agricultores cuando ven que ya no se consume se dedican a otras actividades de generación de ingresos y eso es una desventaja porque se va reduciendo la siembra. Sin embargo, como mujeres, como organizaciones hemos estado batallando en incidir para que esto no quede atrás, porque si estamos viendo el detrimento en la salud significa que estamos yéndonos fuera de las prácticas de nuestros pueblos”, expresa Ana.

Ana reflexiona sobre la importancia de ingerir alimentos provenientes de la naturaleza, pero no sólo de origen vegetal, sino también de origen animal, aunque de una forma medida. Desde los pueblos originarios se pone una gran atención y conciencia en mantener el equilibrio de la naturaleza, para no explotarla, sino fluir con ella en armonía.

El enfoque hegemónico de la salud pública y la medicina, no rescata ni refleja la motivación raíz de los pueblos originarios con respecto a la salud: lograr el buen vivir en armonía con la red de la vida. La medicina occidental hegemónica se centra en contrarrestar enfermedades y la buena salud está más vinculada con la industria del bienestar, que promueve y fomenta el consumismo, así como una relación ilusoria y nada consciente de lo que en realidad significa la conexión mente-cuerpo-espíritu-planeta.

“La medicina que consumimos hoy en día está fuera del alcance de los pueblos originarios por su alto costo y estamos dejando de un lado la medicina natural. Un curandero me decía que no nos damos cuenta, pero a veces la naturaleza nos exige volver a mirar a nuestro entorno, porque la planta que nos puede curar puede estar ahí, a la orilla de la carretera” (Ana), algo que no resulta atractivo ni rentable para la industria farmacéutica.

Para Esperanza, “a través del sistema neoliberal y racista se había ido perdiendo mucha de nuestra riqueza. Muchas mujeres ya no le daban importancia a la medicina natural. Si les dolía la cabeza, inmediatamente se iban a la farmacia, cuando en su casa tenían la medicina. Recuperar todas esas recetas de nuestras ancestras fue y ha sido muy importante. Los pueblos indígenas tenemos mucha sabiduría que ahora nos toca trasmitir a las nuevas generaciones”.

Rescatar y preservar la medicina ancestral es un acto político

 Para Ana es un acto político porque “implica voltear la mirada, generar buenas prácticas, recuperar los diálogos, los consensos con las autoridades y darle la importancia a quien corresponde. Por ejemplo, no cualquier persona maneja la medicina ancestral. Según nuestros abuelos hay personas que nacen con un espíritu o un don y son quienes en la tierra vienen con esa misión. Las comadronas cuando atienden un nacimiento saben si esa persona trae o no ese don”. En Guatemala, la atención de las comadronas ha disminuido por las políticas neoliberales, occidentales y coloniales que han hecho que las mujeres sólo acudan a los hospitales. “Ahí se pierde una gran parte de ese conocimiento científico, ya no se sabe si ese bebé viene con un don o no”, concluye Ana.

Ni las comadronas (parteras) ni las curanderas (quienes curan a través de la medicina natural) son reconocidas por el Estado y el Sistema de Salud. “Los médicos no reconocen la importancia de la medicina natural. Nosotras tenemos que posicionar nuestra medicina ancestral, hablar con las mujeres y decirles que el té de limón, la verbena, la hierba buena, elevan las defensas. Tenemos que recuperar la sabiduría y esos tés de las abuelas” (Esperanza).

Para Esperanza, la recuperación y preservación de la medicina ancestral es un reto enorme y coincide con Ana en que el sistema racista y neoliberal es un monstruo al que han tenido y siguen teniendo que enfrentarse. “Muchos médicos les decían a las mujeres que no tomaran ningún monte con el COVID-19, que eso no es medicina, que ya estaban haciendo las vacunas y que las hierbas no les iban a ayudar”.

Desde sus organizaciones las compañeras están promoviendo el buen vivir y el conocimiento de la medicina ancestral, mediante talleres y videos. Esperanza nos cuenta que una de las tareas que tiene su organización es la reivindicación de la medicina ancestral y darla a conocer para contribuir a contener la pandemia. Este ejercicio ha dado sus frutos, ya que lo realizaron no sólo a nivel de su organización, sino también a nivel nacional, y muchas de las poblaciones indígenas no se han contagiado.

Un sistema de salud colapsado y excluyente

¿Qué implicaría para el sistema de salud de Guatemala, reconocer la sabiduría y la medicina ancestral de los pueblos originarios?

Ana Cumes: Si esto sucediera sería una revolución en el sistema de salud pública. Por la pandemia no hay espacio en los hospitales y por el alto costo de los medicamentos la gente se está muriendo. El sistema capitalista le ha restado importancia a la medicina natural, pero si se reconociera y se visibilizara, se podría ayudar a reducir el nivel de muertes.

Esperanza Tubac: En el caso de Guatemala ha sido una lucha trabajar con el sistema de salud, porque en ese Ministerio hay mucha corrupción. Nosotras no vemos ninguna voluntad política en implementar programas desde una cosmovisión maya. No hay atención con pertinencia cultural, con decirte que cuando va una mujer indígena a un hospital, lo primero que le dan es una bata y las mujeres indígenas están acostumbradas a tener sus cortes, sus huipiles. Hay compañeras que han tenido que asistir a un hospital porque su embarazo está en riesgo y se encuentran con personas del sistema de salud que no hablan el idioma de ningún pueblo. Es un sistema colapsado y no hay atención con pertinencia.

Hay muchas enfermeras que son mayas, pero en los hospitales no las contratan por el tema del racismo y la discriminación. Cuando las llegan a contratar les exigen que usen batas y no pueden utilizar su indumentaria. Sin embargo, ver a una enfermera maya usando su indumentaria le da mucha confianza a las mujeres maya que necesitan apoyo, principalmente cuando se trata de su salud sexual y reproductiva. Si todo el país y todo el sistema fuera así, sería una atención totalmente diferente.

La mayoría de la población de Guatemala es indígena, pero el sistema de salud no responde a las necesidades de los pueblos mayas.


Agradecemos a Ana Cumes, coordinadora general de la Red Departamental de Mujeres Sololatecas con Visión Integral (REDMUSOVI) y a Esperanza Tubac, coordinadora general de la Asociación Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras (AGIMS) por darnos esta entrevista.

Conoce más de las organizaciones entrevistadas:

REDMUSOVI

Facebook: https://www.facebook.com/Redmusovi-Sololá-107283391197666

AGIMS:

Facebook: https://www.facebook.com/agims.asociaciongrupointegraldemujeresanjuaneras

Sitio web: http://agims.org/