Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Seamos puentes no muros.

Por: Wendy Matamoros Zambrana, FCAM.

Esta entrevista se realizó en octubre de 2020. Los análisis y reflexiones se centran en el primer año de la pandemia y en períodos previos a la misma. Sin embargo, las reflexiones y problemáticas abordadas, tienen vigencia con respecto a lo que han vivido las más de 4,500 personas migrantes que salieron de Honduras el 15 de enero del 2021, huyendo de la violencia estructural e institucional, la devastación ambiental, la violencia sexual y de género, y la extrema pobreza. Agradecemos a Diana Damián y Alejandra Elizalde de FOCA, por abordar desde una mirada cercana, sentida y, sobre todo, humana, la problemática de la vulneración de los derechos humanos de las mujeres que migran.


 

FOCA es una organización chiapaneca sin fines de lucro que desde 1996 trabaja por los derechos de las mujeres y de las poblaciones indígenas, ampliando con el tiempo su cobertura, para incluir a mujeres rurales y urbanas.

Cuando la organización notó que las mujeres indígenas y jóvenes a las cuales capacitaban en salud, empezaron a migrar, decidió hacer una investigación-diagnóstico sobre la migración de mujeres en territorio chiapaneco. Algo que les llamó la atención, es que la mayoría de las mujeres que iban “de paso” no se trasladaban por el tren llamado “La Bestia” y entonces, se preguntaron: ¿por dónde están pasando? ¿Por dónde vienen con sus hijas e hijos? Para averiguarlo recorrieron los llamados “pasos ciegos” en el Corredor Central y descubrieron que las mujeres venían de Centroamérica y de otros puntos, pasaban caminando o lo hacían a través de transporte público o privado.

Chiapas es un Estado de México donde las migraciones y sus aristas se amplifican. Tiene personas que se van, que pasan, que se quedan, que llegan a trabajar y se regresan durante la semana a sus lugares de origen.

Con los resultados de la investigación-diagnóstico, FOCA decidió impulsar la promoción de los derechos humanos de las mujeres en las migraciones y sus familiares, a través de la estructura organizativa Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración (RMMSYM), la cual tiene coordinaciones en Guatemala, Honduras, El Salvador y México, y permite —mediante distintos mecanismos— promover el derecho a migrar, a no migrar, el derecho a la tierra, al trabajo, a la educación, entre otros.

A partir del trabajo de la RMMSYM, surge el primer observatorio fronterizo de mujeres, ubicado en el Corredor Central. Este corredor es el que justamente no se había investigado —y que fue identificado por FOCA en su investigación-diagnóstico—, y que le tomó diez años de trabajo de incidencia a la organización, para que Naciones Unidas lo reconociera como corredor. El reconocimiento, contribuye a que se disponga de herramientas y medidas para que las mujeres, hombres, niñas y niños que pasan por el Corredor Central, cuenten con apoyo, como, por ejemplo, refugio (en el caso de que lo soliciten).

La Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración cubre cuatro países, pero tiene alianzas con redes nacionales, regionales y globales. Esto le permite tener reconocimiento e incidencia a nivel internacional.

Desde la RMMSYM se ha integrado la perspectiva de género con enfoque feminista, la cual es incorporada en los ejes de investigación y acción, y en los planes y acciones de incidencia. Las mujeres tienen especificidades, por lo que deben contar con modelos específicos de atención.

FCAM: En un contexto global de crisis sanitaria ¿qué está sucediendo con las mujeres que migran?

Las mujeres que migran no son vistas de la misma manera que los hombres que migran. Proveer, es un acto socialmente vinculado con los hombres. En este sentido, las mujeres enfrentan juicios y críticas porque no se las ve como proveedoras, ni se reconoce su decisión de migrar como un acto para sostener y apoyar a sus familias. Además, las mujeres —a diferencia de los hombres que migran— tienen necesidades específicas de atención, por ejemplo, de salud sexual.

De enero a octubre del 2019 acompañamos a 1,530 personas migrantes.

Hemos estado acompañando un 65% de mujeres y niñas, y un 35% de hombres y niños (viendo más niños que hombres). Muchas de las mujeres viajan con sus hijas e hijos, pero algunas de ellas también viajan con sus compañeros. Un elemento fundamental del acompañamiento que ofrecemos, es que quien solicita el acompañamiento legal o psicosocial a FOCA, son las mismas mujeres. Ellas son quienes tienen el contacto con nosotras. Ahí hay un componente de fortalecimiento de su agencia, lo que no es fortuito, ya que la intención de nuestro modelo es que así sea.

De enero a octubre del 2020, acompañamos a 600 mujeres. Es decir, bajó el flujo, pero nunca se detuvo. Las historias siguen siendo las mismas: mujeres que huyen de la violencia estructural, de la violencia de género, de la violencia en la pareja y todas ellas tienen necesidades de protección internacional.

Desde que echó a andar el modelo integral que impulsa la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración, la mayoría de mujeres que acompañamos son solicitantes de asilo. En este contexto, ¿qué pasó con los acompañamientos integrales vinculados a la salud? Ha sido un problema complejo. Los sistemas de salud en todo México, pero particularmente en Chiapas, están muy devastados. No hay suficientes médicos ni medicinas. Ya de por sí existía la mentalidad de “¿cómo le voy a dar a la extranjera, si no hay suficiente para el mexicano?” y esta dimensión de xenofobia se ha agravado con el covid-19.

Durante los primeros meses de la pandemia se detuvieron los seguimientos a los embarazos. Únicamente se atendían casos de covid-19. Por lo tanto, otro tipo de atención era muy difícil. Ya de por sí, es complejo que las mujeres solicitantes de asilo accedan al sistema de salud en Chiapas y ahora con la pandemia, es necesario que brindemos un acompañamiento directo, para que, por ejemplo, se reciba a una mujer que va a parir o a una mujer que sufrió un accidente. Estamos lejos de que el acceso a la salud sea algo posible para las mujeres no mexicanas.

Para octubre del 2020 se han ido restaurando las atenciones a estos servicios en las clínicas o en los hospitales. Por supuesto que todo lo que implica la salud sexual y reproductiva, y acceder a métodos anticonceptivos, todavía es muy difícil. De todas las mujeres que hemos acompañado, sólo entre siete y diez, han manifestado, en estos meses, síntomas vinculados al covid-19.

FCAM: ¿Cómo está el sistema de salud y qué está pasando con las mujeres que van a parir?

El sistema de salud se enfoca más en la atención del covid-19 y no en la salud materna o la salud reproductiva. No hay anticonceptivos, tampoco control del embarazo y, además, la población tiene miedo de ir al sector salud por temor a infectarse.

En México, la primera causa de muerte materna ya no es la hemorragia… es el covid-19.

En el trabajo que hacemos los dos programas confluyen porque entra el tema de migración y género, y la temática de salud integral. También trabajamos con las parteras de todo el territorio fronterizo en el Corredor Central.

En el contexto del covid-19 las parteras entran en la primera línea de atención. Ellas siempre han estado, pero ahora, su participación es mayor.

Las parteras están atendiendo a más mujeres porque el sector salud se enfocó en la atención del covid-19 y las mujeres quedaron mucho más rezagadas. Ahora imagínate a las mujeres migrantes. Te voy a compartir un caso específico. Una mujer guatemalteca embarazada, que pasó la frontera solicitó atención en el sector salud y le dijeron que no la podían atender porque no tenía documentos mexicanos, a lo que ella respondió “es mi derecho como migrante”.

FCAM: ¿Qué tanto se ha incrementado el estigma, la discriminación y la xenofobia contra las mujeres que ustedes acompañan? ¿Cómo la pandemia también ha venido a sacar otras discriminaciones que, probablemente, puedan haber sido exacerbadas?

Entre abril y mayo del 2020, las organizaciones de la sociedad civil que estamos articuladas en varias redes, logramos que se parara la detención migratoria y se vaciaran las estaciones migratorias en México. Pero al vaciar las estaciones migratorias lo que hicieron fue, literalmente, echar a la gente a la calle, sin ninguna garantía y sabiendo que las fronteras estaban cerradas.

La detención migratoria en México es anti constitucional, pero se lleva a cabo cotidiana y sistemáticamente.

Tuvimos datos de albergues que nunca habían recibido personas que vinieran de regreso. Tenemos datos de que hace un par de meses (agosto) se retomaron las detenciones migratorias. Por ejemplo, el 13 de octubre del 2020, en Comitán (estación migratoria a la que damos seguimiento sistemático) había 200 personas detenidas en un espacio físico que por ley sólo puede contener entre 60 y 65 personas. Estas personas ni siquiera deberían haber estado detenidas. Entre las personas detenidas había mujeres y menores de edad.

La gente está detenida en condiciones de hacinamiento, sin sana distancia, sin tapa bocas. Sabemos que sistemáticamente se vuelven a detener personas.

Otra de las cosas que hacemos con los monitoreos sistemáticos en las estaciones migratorias (hacemos monitoreo de estación migratoria en Comitán, San Cristóbal de las Casas y Tuxtla) es brindarles información a las personas sobre su derecho a solicitar asilo, su derecho a la regularización migratoria en ciertas condiciones, etc.

Lo que están haciendo es detenerles y deportarles, es decir, operando desde estas políticas migratorias de contención de flujos. Con el desplazamiento grande de personas desde Honduras, vimos que por ejemplo la acción más fuerte de contención ya no fue por parte del gobierno mexicano, sino por parte del gobierno guatemalteco.

La externalización de fronteras es cada vez más dura con las personas que van migrando, particularmente con mujeres, niñas y niños.

FCAM: ¿Qué conocen sobre los riesgos y vulneraciones de derechos humanos que están enfrentando las mujeres trans y las personas no binarias?

En un contexto de exacerbación de la xenofobia, donde la gente piensa que las personas migrantes las van a contagiar de covid-19, que además vienen a quitarles sus trabajos o que vienen a quitarles a sus parejas, todos los elementos de estigmatización y discriminación desde la xenofobia, se exacerban cuando hablamos de mujeres trans.

Nuestro perfil de acompañamiento es a mujeres. En este sentido, si la persona se autoidentifica como mujer, le brindaremos acompañamiento. En nuestro caso no hemos acompañado a tantas mujeres trans. En este momento estamos acompañando a dos chicas, una en Las Margaritas y la otra en Tuxtla; una de ellas vive con VIH. La situación de la chica que está en Tuxtla es especialmente dura, porque justo fue detenida y le negaron su derecho a la autodefinición. La autoridad migratoria no la reconoció como mujer, entonces, la pusieron en módulos de hombres.

Lo que sí nos cuentan y te lo puedo decir de primera mano, es el maltrato en la detención, el no reconocimiento de su auto adscripción de género y el que las ubican en los módulos de hombres. Esto las pone en altísimo riesgo de violación y de violencia exacerbada, lo que muestra la violencia estructural y burocrática, al no reconocer su adscripción de género, incluso, para llevar a cabo su trámite de solicitud de asilo.

FCAM: ¿Qué complejidades enfrentan las mujeres migrantes que ustedes acompañan y que son solicitantes de asilo?

Las mujeres solicitantes de asilo son personas con aspiraciones de quedarse en México. Por lo que primero tienen que acceder a una regularización migratoria y luego decidir los siguientes pasos, vinculados con la integración local.

Desde antes de la pandemia el Estado mexicano genera muy pocas posibilidades de integración local para las personas solicitantes de asilo y muy especialmente para las mujeres, sus hijas, hijos y acompañantes. Ahora con la pandemia, lo que se vino fue una precarización de la situación general de las mujeres. Por ejemplo, algunas ya habían logrado acceder a trabajo (trabajo explotado, migrante, no trabajo digno, pero al menos, algún tipo de trabajo); habían logrado rentar un pequeño espacio para ellas y sus hijas e hijos, y cuando se vino la pandemia y la economía se restringió, se cerraron espacios y perdieron sus trabajos, empezaron a no poder pagar sus rentas y regresaron al momento inicial de necesidad absoluta, de asistencia humanitaria, hasta para la resolución concreta de no pasar hambre.

FCAM: Se pensaba que la cuarentena sería relativamente breve. Nunca se pensó que duraría tanto, que devastaría tanto y que se sostendría en el tiempo. ¿Qué reflexiones y aprendizajes les ha dejado este contexto tan complejo y extremo?

Un elemento de aprendizaje que habrá que seguir profundizando, es la importancia del trabajo en red, la articulación, la vinculación a lo interno de la Red Mesoamericana, así como de todas las alianzas que la propia Red ha hecho. Desde antes de la pandemia sabíamos que el trabajo en red es una de las apuestas políticas, incluso, de la propia Red Mesoamericana y de Formación y Capacitación.

Otro elemento fundamental es la necesidad de volver a pensar en todo lo que está implicando el endurecimiento de las políticas migratorias y el sufrimiento que están infringiendo en comunidades enteras, tanto de origen, de tránsito, de destino y de retorno forzado. Volver a tomar el Pacto Global para entonces ver cómo se puede llevar a cabo, reconocer no solamente el derecho de las personas a movilizarse sino también la valía de todo lo que les ofrecen a sus comunidades de origen y a las comunidades a donde llegan.

Otro aprendizaje es la importancia de modificar las narrativas vinculadas con la migración, así como fortalecernos en el uso de las tecnologías para la comunicación a distancia.

Con respecto a las narrativas, es importante pensar en cómo habitamos y utilizamos los medios de nuestras organizaciones en beneficio de las mujeres que están solicitando asilo.

La pandemia nos empujó a usar de lleno las estrategias organizativas virtuales. Por ejemplo, muchas mujeres nunca habían estado frente a la cámara de una computadora y ya lo empezaron a hacer. Aprendieron a comunicarse desde la virtualidad y a promover temáticas desde las redes virtuales.

La pandemia ha sido catastrófica, pero también nos ha enseñado a organizarnos de diferentes maneras.

Con lo de las nuevas narrativas, es fundamental que mandemos más mensajes de hermandad, porque la discriminación se ha acentuado, ya que se ve a la persona migrante como alguien que trae covid-19 y viene a infectar todos los lugares por donde pasa.

FCAM: ¿Qué tipo de necesidades tienen las mujeres migrantes que ustedes acompañan?

Las mujeres migrantes que acompañamos y que solicitan asilo, son personas con necesidades de protección internacional, es decir, son refugiadas, porque son víctimas de violencia estructural, de violencia institucional y también de violencia por parte de sus parejas. Por eso es tan importante activar otras narrativas que permitan mayor posibilidad de generar acogida para estas mujeres.

También quisiera agregar que pareciera que seguimos vinculando el tránsito de varios días con la palabra migrante y en el caso de las mujeres, un tránsito de ellas con sus familias para llegar al Norte (incluso si es que solamente querían transitar) les puede tomar hasta un año, porque se detienen para trabajar y continuar su camino. Esta idea del “sólo voy de paso”, no es propiamente la realidad de las mujeres que viajan con niñas, niños y con familias.

FCAM: Volviendo al punto de las narrativas, ¿qué es lo que NO se está diciendo o se debería abordar de otra manera?

Algo que no se está diciendo es que el flujo nunca paró. Y ¿por qué no paró? Porque son mujeres que están intentando salvar sus vidas. El flujo no paró por la gravedad de la toma de decisión de moverse. Por mucho que haya pandemia, si me quedo aquí me muero, me matan. Precisamente por esa gravedad, las mujeres tienen necesidades de protección y cuando decimos protección, nos referimos a una protección tanto a nivel internacional y de narrativa de la ONU, y también a nivel local comunitario, es decir, cómo podemos generar redes de solidaridad porque son mujeres con necesidades de apoyo, de ayuda.

Otro componente que sí se dice, pero que hay que seguir diciendo, es la manera de desactivar la narrativa que sigue endureciendo las políticas de movilidad, ¿por qué? Porque está generando sufrimiento y muerte, tanto en las comunidades de origen como en los tránsitos.

El plan llamado externalización de la frontera, lo que busca es convertirnos en el muro humano de Estados Unidos. ¡No seamos el muro! ¡No fortalezcamos las narrativas xenófobas!

FCAM: Quisiera que continuáramos hablando de la narrativa de la criminalización de las migraciones, que busca justificar e incentivar la violencia estructural, expresada a través de los cuerpos policiales y militares, en contra de las personas que están en situación de migración.

La acción de contención del flujo del último contingente del éxodo (para no llamarle caravana) que salió de Honduras, es muy grave, incluso en términos de medición de asuntos humanitarios. Por ejemplo, ya se escuchaba en Guatemala de un programa en el que se convoca a ciudadanas y ciudadanos guatemaltecos a ser informantes del Estado, para que le avisen si hay migrantes en las comunidades. Eso es terrible. Este accionar del gobierno de Alejandro Giammattei, está violando el convenio de libre tránsito en Centroamérica. Él no tenía por qué haber detenido a las personas hondureñas, no hay fundamento legal para ello, lo hace simplemente para empezar a operar los acuerdos con Estados Unidos, frenando y echando para atrás a las personas.

El despliegue mediático del Instituto Nacional de Migración (INM), con el director del INM junto con miles de agentes, en donde se pararon en el río Suchiate, uno al lado del otro para tomar la foto, aun sabiendo que ya no iba a llegar el gran contingente de personas, es parte de esta narrativa xenófoba del muro humano. Eso, además reforzado con una amenaza que lanza el INM una noche antes, diciendo que, a quien sea que pase y no compruebe que no tiene covid-19 (es decir, que no se haya hecho una prueba) se le puede, inclusive, imputar hasta diez años de cárcel por convertirse en vector de contagio e ir en contra las políticas de control de bioseguridad.

FCAM: ¿Qué narrativas deberíamos compartir con las poblaciones que están recibiendo un bombardeo de información cargada de odio, racismo, xenofobia y con un enfoque totalmente desconectado de la solidaridad y la empatía? ¿Y cómo poder ir sembrando esa semilla con estas otras poblaciones que están, además, aterradas ante la posibilidad de adquirir el virus?

Necesitamos narrativas que visibilicen no solamente la necesidad de la otra persona, sino también nuestras posibilidades solidarias. Mostrar las reacciones comunitarias de empatía básica, solidaria y sororaria como la de las parteras, que están ayudando a las mujeres desatendidas en esta crisis sanitaria a poder traer a sus hijas e hijos al mundo, sin dudarlo ni un momento.

Hacer visibles los actos cotidianos de solidaridad comunitaria, por ejemplo, cuando se sepa que vienen personas migrantes y van a necesitar agua, preparar ayuda desde las parroquias y la población de la localidad. También hacer visibles los comunicados de las organizaciones para contribuir a generar condiciones humanitarias.

Los Estados de México, Guatemala y de la región centroamericana, han infundido el terror y el miedo en las comunidades. Estas trasladan lo poco y parcializado que conocen, hacia márgenes mucho más radicales y justamente se radicalizan con las personas que migraron de sus comunidades y que al desatarse la pandemia, regresaron y ahora son perseguidas, retenidas o expulsadas como si fueran delincuentes. Esto, por ejemplo, está sucediendo en Chiapas.

FCAM: ¿Qué saben de lo que ha sucedido en El Salvador y Honduras?

Toda esta campaña del terror es una misma estrategia y lo que necesitamos es compartir experiencias como la de las parteras que han estado atendiendo en la frontera, para que la población vuelva a la credibilidad y a la solidaridad humana, y no nos convirtamos en un agente del linchamiento.

FCAM: ¿Qué significa para las mujeres que migran, la salud?

Muchas veces las mujeres que acompañamos tienen condiciones de salud muy deterioradas. Entonces, uno de los anhelos de sus procesos migratorios es el acceso a mejores condiciones de salud. Esto es muy común en los comentarios de las compañeras, particularmente de Honduras. La búsqueda de mejores condiciones de salud para sí mismas y para sus hijas e hijos, es uno de los elementos que motiva la migración.

También tuvimos el caso de una familia garífuna hondureña que decidió movilizarse porque son mamá y papá de un nene con parálisis cerebral serio y, las pandillas ya no les estaban permitiendo llegar al centro de atención para la rehabilitación de su nene. Eso les motivó a migrar.


Si te interesa conocer más de cerca el trabajo de FOCA, visita su sitio Web: https://foca.org.mx/