Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Regresar al Blog

Pluralidad de voces, resistencias y existencias para la defensa del territorio cuerpo y el territorio tierra

Por: Wendy Matamoros Zambrana, Coordinadora de Alianzas Intersectoriales y Comunicación, FCAM.

Entrevista realizada en junio, 2020.

En esta entrevista íntima, cruda, inspiradora y potente, hablamos con Alex Vásquez, integrante activa de la Red de Sanadoras del Feminismo Comunitario Territorial de Guatemala. En la conversación, las ancestralidades, las cosmogonías originarias–maya y los sentires personales y colectivos se entretejen con la reflexión sobre sus luchas y el vínculo del Covid-19 con las estructuras de poder que han intentado oprimir históricamente a los pueblos originarios y a las mujeres originarias de Iximulew–Guatemala.

FCAM: Cuando una emergencia sanitaria global como el Covid-19, surge en países con gobiernos autoritarios no viene a frenar ni disminuir las violencias estructurales existentes, sino más bien a exaltarlas. ¿Cómo les está afectando la pandemia?

Lo que voy a contestar lo haré en primera persona política. Yo te voy a hablar desde la vivencia, desde la cotidianidad, desde la responsabilidad, porque si bien soy parte de una red, cada una teje su camino de manera distinta y estamos en diferentes territorios.

La afectación no surge por la pandemia, es anterior a ella y continúa siéndolo. Guatemala (Iximulew, a como nosotras lo nombramos en idioma Maya Q´eqchi) ha sido un Estado-Nación-Colonial que se ha estructurado y se ha tejido de una forma bastante racializada. El racismo no es sólo una exclusión cultural, sino un rechazo total a tu existencia.

En Guatemala tenemos los genocidios, la persecución a defensoras, el neoliberalismo que se empieza a tejer con los “Desacuerdos de Paz” (decimos nosotras), porque a nosotras nunca nos llegaron esos Acuerdos de Paz.

La pandemia nos viene a agarrar en una complejidad política bastante fuerte y bastante dura para las mujeres indígenas y para las defensoras y defensores de derechos humanos, y defensoras de la vida. Viene a agarrar un territorio Maya Q´eqchi en disputa con el narcotráfico. Es un territorio que se lo disputan los mega proyectos, el monocultivo extendido, la corrupción, la violencia sexual, la trata de personas, la criminalización y la persecución legal y no legal de defensoras y defensores de derechos humanos, y presos y presas políticas en el territorio Q’eqchi.

Lo que he podido hablar con las jóvenas con quienes nos reunimos y nos contenemos, es que, en la pandemia, sobre todo, la violencia contra las mujeres está presente. Viene a agarrar la realidad de los femicidios, de los secuestros, de la violencia sexual, entre otro montón de situaciones complejas.

Claro que la pandemia es una crisis sanitaria, pero no es una crisis que se desenvuelve sola. Es una crisis que se desenvuelve en un Estado–Nación–Colonial que es racista, que es patriarcal y que no reconoce la autodeterminación de los cuerpos de las mujeres, y tampoco reconoce la autodeterminación organizativa de los pueblos originarios.

El gobierno con esta crisis, así como con otra crisis –la desnutrición, la violencia, los daños ocasionados por los residuos de un río secuestrado por la minería, los daños que quedan por los ríos que reciben los residuos de los monocultivos– aprovecha para ejercer lo que como Estado siempre ha hecho, que es saquear los bienes comunes.

El Estado de Guatemala aprovecha cualquier situación de emergencia para desestabilizar las organizaciones ancestrales que siguen existiendo pese a muchos intentos de desaparecernos en nuestros territorios. Por ejemplo, hay toque de queda para algunas comunidades y la gente no puede salir a sembrar ni salir para nada, mucho menos a salir a manifestarse. Sin embargo, el personal de la minería y el personal de la hidroeléctrica sigue asistiendo con todos los horarios extendidos para ejercer su trabajo. No es como que a toda la población se le está poniendo esa misma regla.

FCAM: ¿Cómo esta dinámica (tejida alrededor de la pandemia) está afectando las vidas, los ritmos y las luchas de los pueblos originarios?

Me atrevo a decir que todas las medidas estatales –por la pandemia y antes de la pandemia–, se sostienen en una estructura que desvincula los derechos como indígenas o que desvincula los derechos como personas no reconocidas por el Estado, porque el Estado tiene un parámetro de reconocimiento de persona, es decir, si vos sos académica, heterosexual, religiosa, dueña de la tierra, si podés hablar el castellano, el Estado te beneficia con todo lo que tiene.

La diferencia estatal para los pueblos indígenas o para todos los cuerpos que no son percibidos como personas y la criminalización contra las defensoras, no ha parado pese a la pandemia. A muchas compañeras les han hecho campañas de odio, campañas de estigmatización, sacando comunicados en su contra, pagando incluso espacios en radios para desestimarlas, imprimiendo y regando papeles por ciertos sectores de las ciudades de donde ellas están. Y yo me pregunto, ¿cómo es que esos carros pudieron salir a distribuir todos esos papeles en pleno toque de queda?

No nos dejan movilizarnos y nuestro acompañamiento es presencial, es ir a llorar a la par de la defensora, es ir a prepararle sus plantas, hacerle su ceremonia y ahumar su casa. Esta estructura estatal ha frenado muchas de las formas organizativas y de las formas de resistencia que tenemos.

Para nosotras, lo simbólico de llevar la boca tapada es demasiado fuerte. Una persona kaxlan (una persona que no es maya) le va a buscar diseños a su mascarilla, le busca adornitos. Nosotras hemos llorado por llevar la boca tapada. Es una incomodidad, no tanto física, sino política, por el silencio histórico que se ha querido ejercer sobre nuestras diferentes resistencias.

Yo me atrevo a decir que la violencia contra las defensoras y defensores se maximizó, así como la violencia contra las mujeres en general. Estoy pensando en las niñas que están confinadas con su agresor sexual (que es un familiar, que es un abuelo, que es un hermano), mujeres que están encerradas con sus agresores. Es una situación bien dura y bien dolorosa, y el Estado lo que ha dicho es que esa violencia es generada por el estrés de los hombres ante la pandemia y que por eso golpean a sus mujeres. Es como decir, si tú estás estresado es lo más natural que golpees a tu esposa, y la violentes a ella y a tus hijas, y te tenemos que comprender. ¡Es absurdo!

FCAM: ¿Se podría decir que la pandemia se ha convertido en un arma de doble filo, en donde por uno de los lados el gobierno quiere controlarla o erradicarla y por el otro lado, la pandemia misma se vuelve en un instrumento para justificar el dominio, el control y la represión de las resistencias de los pueblos originarios, volviéndose en la excusa perfecta para encubrir y justificar los actos de violencia estructural?

Claro, y te digo, si no fuera el Covid-19 serían otras formas. Y lo lamentable de esto es que yo no lo quiero dejar sólo para el gobierno, porque pareciera que el gobierno es una cosa que anda por sí sola, pero además del gobierno también está la población (incluyendo la que no se beneficia en ningún sentido directo del gobierno) que legitima todas esas acciones de violencia y de racismo, por la estructura social que se ha tejido en Guatemala. Y me atrevo a ir aún más allá, porque también legitima las formas de violencia ONGistas que se han dado en contra de los pueblos originarios.

A toda estructura de poder hegemónica, que invisibiliza y que no reconoce la pluralidad de realidades que son afectadas por sus estructuras, la pandemia le estalló como anillo al dedo. Y ahí, con todo mi amor y todo mi respeto se van las ONG, ahí también se va la burocracia de la cooperación internacional y ahí también se va el Estado-Nación-Colonial de Guatemala. Pero también ahí se va ese hombre que no sabe leer ni escribir, ese hombre que está en una comunidad, ese hombre que siembra la tierra, pero que es machista y que ejerce violencia sexual hacia las mujeres.

FCAM: También aquí entra el poder económico, en donde como en una telaraña se encuentran y se tejen distintos intereses con otras estructuras de poder.

Las comunidades que tienen un sistema económico no capitalista están siendo afectadas. Pero, por ejemplo, yo no he visto que cierren McDonald, yo no he visto que cierren Pollos Campero, yo no he visto que cierren las grandes cadenas de alimentación, y entonces ¿por qué una persona que siembra su maíz desde una forma autónoma, ancestral, no puede ir a ver su milpa? Varias compañeras y compañeros han cesado de la siembra de milpa porque las órdenes estatales para los Consejos de Desarrollo Comunitarios (COCODES) es que no se pueden aglomerar en el campo, pero sí te podés aglomerar para ir a trabajar a una de esas cadenas de alimentación, que aparte de que ni son saludables tampoco están al acceso de un montón de personas.

Esta pandemia refuncionaliza las violencias estatales para las poblaciones que son vulnerables al Estado-Nación-Colonial, el cual vulnera a ciertos cuerpos y a ciertas existencias.

FCAM: Dentro de la dinámica global generada por la pandemia también se ha hablado mucho de la solidaridad. Sin embargo, en el caso de Guatemala has mencionado la exclusión estructural a toda expresión de vida que no entre en los parámetros del Estado-Nación-Colonial.

Hay realidades que son excluidas para la solidaridad. Hay realidades que son excluidas para los derechos humanos y hay realidades que obviamente son excluidas para el Estado-Nación-Colonial de Guatemala.

Aquí muchas iglesias hablan de la solidaridad y de todo lo que están haciendo, como recolección de víveres, pero los reparten para miembros de sus iglesias. ¿Y las putas? ¿Y las migrantes? Entonces también la solidaridad es discriminación, en el sentido de que vos le vas a compartir a las personas que cumplan con tus parámetros.

Eso me hizo pensar en que la exclusión tiene identidad. Rápido se piensa en la anciana, rápido se piensa en dar, pero no se miran a las otras identidades y realidades que se las están llevando la fregada en este proceso.

FCAM: ¿Cómo están haciendo para resistir, cuando las medidas gubernamentales que pretenden tapar su voz política están sosteniéndose y sustentándose en la respuesta a la pandemia?

Hemos resistido desde la pura fuerza ancestral heredada. Ella nos ha sostenido. Hemos tenido mucha creatividad política, la creatividad política que tuvieron nuestras abuelas, nuestros abueles.

También nos ha sostenido la búsqueda de la coincidencia, la espiritualidad (no como religión, sino como una acción de conciencia), nuestros baños de plantas; las plantas que tenemos sembradas en nuestros jardines y que sin ellas no podemos coexistir. También, darnos el permiso de decir: “no sé qué hacer en esta pandemia”, porque sólo al preguntarnos y hacernos conscientes de que no sabemos qué hacer, empezamos a buscar qué hacer. Pero no ha sido un proceso de ahora, ha sido un proceso de años, para hacerle frente a estas pandemias como a las primeras pandemias que vinieron en la colonización.

FCAM: Han sido siglos imparables de luchas. Los opresores han tomado nuevas formas, nuevas apariencias y dinámicas, pero en el fondo la intención siempre es la misma: dominar, controlar, apropiarse, romper la conexión con todo y entre todas las expresiones de vida.

Para nosotras, la pluralidad es vital para sostener la vida. Si en un cerro hay un solo tipo de árbol, la tierra no va a ser una tierra sana. Es lo mismo que cuando hacen el monocultivo extendido, no hay pluralidad de existencia y la tierra no puede con la estandarización de su suelo, subsuelo y todos los minerales que hay, y cuando se acaba el monocultivo queda sin poder sembrarse nada.

Cuando entrás a un bosque o a una montaña, en un metro cuadrado encontrás una pluralidad de piedras, una pluralidad de hojas, de animalitas, de animalitos, de animalites, encontrás una pluralidad de cosas. Ningún árbol es igual a otro, ningún grano de arena es igual a otro, ninguna estrella es igual a otra. Ahí es donde está el sentido para sostener la vida.

Lo mismo pasa con esta experiencia que han nombrado humana. Cuando estandarizás una realidad y la imponés e imponés un modelo de persona sobre realidades que no están tomadas en cuenta, estás acabando con la vida de una manera impresionante.

Esto es lo que ha hecho el gobierno. El gobierno toma una realidad social como si fuera la de todas y con base a eso toma medidas, hace análisis políticos (si los hace) y toma decisiones, por eso hay una imposición de no dignidad sobre nuestras resistencias.

Esto también se aplica a otras expresiones, como a la de la diversidad sexual, a los grandes intelectuales, a las feministas, a las izquierdas y a las revoluciones. Cuando se acercan a nosotras con una propuesta estandarizada o con sus propias interpretaciones de nuestras realidades y de cómo podemos emanciparnos, no podemos tejernos con ellas, porque no comparten un sentido de pluralidad.

FCAM: ¿Qué representa la pluralidad para el feminismo comunitario territorial?

La pluralidad nos da la sostenibilidad política y emocional, para hacerle frente a todos los ataques, a las múltiples opresiones e incluso a las pandemias, a través de la historia. La pluralidad es lo que permite sostener la vida.

A nosotras nos gusta hablar de la pluralidad como un principio de cosmogonía, pero no desde una pluralidad que viene desde un pensar o desde un planteamiento meramente intelectual, sino desde una pluralidad que es cotidiana, que tiene constatación en la naturaleza, que se constata en nuestros territorios, que se constata en las expresiones de vida, en la sexualidad, en la creatividad, en los saberes, en las formas de conectarte con las distintas existencias.

Hay una pluralidad de realidades, hay una pluralidad de emancipaciones, hay una pluralidad de opresiones y hay una pluralidad de historias. Para vos puede ser un acto emancipatorio dejarte los pelos, pero para una mujer indígena va a ser quitárselos. Para una mujer va a ser emancipatorio asumir una maternidad y para otra, la decisión de no ser madre va a ser su acto emancipatorio, por sus razones, por sus memorias, por su vida, por su existencia.

En la pluralidad está una vitalidad importante para hacerle frente a un montón de cosas y si caés en la trampa de quererla racionalizar, de quererla estructurar y de querer plasmarla como una idea únicamente intelectual, te perdés de la oportunidad hermosa de sentirla y de ver qué le puede aportar al tejido de tu vida.

«Agradezco tus caminos, agradezco las veces que sospechaste de tu existencia para que hoy estés donde estás. También agradezco las veces que vas a sospechar de tu existencia, de tu accionar, de tu reflexión; porque es en la sospecha donde se hace realidad el sentido de la vida y el sentido de la pluralidad; porque si no sospechamos de lo que hacemos, también estandarizamos nuestra existencia; porque si no sospechamos de lo que pensamos, también estandarizamos nuestro sentir. La oportunidad de vivir sospechando le da amplitud a tu existencia, a tu imaginación; te da amplitud de creatividad política y te confronta, y te bota, y te descoloca, pero para mí vale tanto la pena dar esa lucha, porque yo me niego a que las formas de opresión y el patriarcado tengan certeza sobre mi vida, porque no voy a dejarles ni cederles mi existencia”. Alex Vásquez.

Sobre la Red de Sanadoras del Feminismo Comunitario Territorial:

Fundada en 2015. La Red cuenta con siete integrantes, todas mujeres indígenas mayas xinca, de distintas edades. Unas trabajan con plantas, otras con humos, otras son comadronas, otras son sobadoras y otras son articuladoras políticas territoriales. Cada una aporta desde lo que puede hacer para la defensa del territorio cuerpo–tierra. Sus caminos cósmicos–políticos los hacen desde la sanación y los saberes ancestrales que han heredado de sus abuelas, abuelos y abueles, para hacerle frente a las luchas y resistencias que se han tejido en sus territorios.

Sobre Alex Vásquez:

Alex es una persona intersexual, nació con una corporalidad plural en un territorio ancestral. En la búsqueda de la justicia por su corporalidad aprendió a tejer su camino con otros caminos de justicia y emancipación. Es sanadora ancestral, no ha ido a la universidad, toda su preparación ha sido la vida, la calle, los pueblos, las mujeres, sus abuelitas, sus abuelitos, sus tías y sus primas. Cree en la rebeldía como camino cósmico político, así como en la defensa de su territorio cuerpo-tierra. Considera que defenderlo es indispensable para poder sanarlo y poder armonizarlo. Actualmente acompaña a defensoras y defensores de derechos humanos, así como a niñas y mujeres en situación de violencia, y violencia sexual. Acompaña denuncias espirituales, procesos emocionales comunitarios, personales y colectivos.