Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Movimientos LGBTIQ+ en Centroamérica

Las nacientes expresiones que luego darían forma a los movimientos LGBTIQ+ en distintos países de Centroamérica, surgieron entrelazadas con coyunturas locales (como conflictos armados) y crisis globales (como la aparición del VIH), que dinamizaron la acción colectiva y las posteriores agendas y estrategias para la defensa y garantía de los derechos humanos de las personas trans y no binarias. En este artículo se comparte un breve recorrido histórico del surgimiento de los movimientos de la diversidad sexual en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras en los años 80 y 90, desde las miradas de Amaral Arévalo, Numa Dávila, Miguel Díaz y Nahil Zerón.

El Salvador

Desde la voz de: Amaral Arévalo, educador e investigador social de El Salvador, especialista en género, estudios LGBTIQ+ y fundamentalismos.

En los 70 empezó a circular información en los periódicos nacionales sobre los movimientos de liberación homosexual en Estados Unidos. Esto se reforzó con la influencia de la música disco que inundó las discotecas y también con la influencia de personas homosexuales de El Salvador como, por ejemplo, Julio Saade, quien luego de visitar discotecas homosexuales en San Francisco y Los Ángeles, trajo la idea de fundar algo similar en El Salvador. En ese mismo contexto, en la década de 1970, se sabía que los cines se transformaron en un punto de contacto para personas homosexuales.

Julio Saade en 1976 inauguró la mítica discoteca “Oráculos”, en San Salvador, en el Edificio 2000, sobre el Boulevard de Los Héroes. Este espacio, en la década de los 80, fue ampliamente reconocido en el imaginario social, como la discoteca de homosexuales, la cual sufrió más de dos atentados que hicieron que cerrara momentáneamente, pero bajo el esfuerzo de Julio Saade volvió a abrir las puertas. La discoteca también sobrevivió a las requisas que realizaba el Ejército, en el contexto de la guerra. Este fue el primer lugar en el cual germinó una embrionaria comunidad política de la disidencia sexual y de género.

En 1979 se registró un evento muy particular, un certamen de belleza en el municipio de Mejicanos llamado “La carroza de homosexuales”. Consistió en la elección de la reina de los homosexuales en las fiestas patronales de Mejicanos y la circulación en una carroza. Las veces que circuló esta carroza recibió diferentes tipos de ataques: le lanzaban piedras, tomates y otras cosas. Se sabe que la carroza circuló de 1979 hasta 1989.

En la década de los 80, “La Praviana”, un espacio urbano en el centro histórico de San Salvador, se consolidó como lugar de trabajo sexual de homosexuales. En este contexto, al hablar de homosexuales se hacía referencia a hombres que utilizaban ropa de mujer, que tenían ademanes femeninos y que ejercían el trabajo sexual como medio de sobrevivencia.

Para este tiempo dio inicio la guerra interna en El Salvador, en la cual muchos hombres y mujeres LGTBI se involucraron en los frentes de guerra, siendo sus prácticas sexuales censuradas en esos espacios. Uno de los relatos que básicamente se ha transformado en un mito urbano, es la masacre de mujeres trans a manos de efectivos del Ejército. Existen diversos relatos, algunos hablan que esta masacre sucedió en 1980, otros hablan que fue en 1984, sin embargo, no existe evidencia para determinar una fecha exacta de este evento. Para complejizar el panorama, con la circulación de información en medios de comunicación locales sobre el VIH desde 1984, no es difícil imaginar un proceso de “higienización social” por medio del exterminio físico de aquellos cuerpos identificados como portadores de esta nueva enfermedad.

En 1986 se registró el primer caso de VIH en El Salvador. Este caso, y para aumentar el estigma, fue de un hombre homosexual que había viajado a Estados Unidos. En este contexto, en “Oráculos”, se comenzaron a hacer las primeras acciones de política pública para personas homosexuales, por medio de charlas de prevención que realizaba el Ministerio de Salud al interior de “Oráculos”.

Debido a la negación de atención médica a personas con VIH, un grupo de hombres gay y travestis se comenzó a reunir para pensar qué hacer sobre esa situación. Este grupo inicial se incorporó a Fundasida, creada meses después de que la guerra finalizara. Al interior de Fundasida se desarrolló el programa Gay-Bisexual para dar atención a personas homosexuales que vivieran con VIH, y desde ahí surgió el “Grupo Entre Amigos”.

Con la firma de los Acuerdos de Paz y el inicio de la postguerra, existió un proceso de migración de personas de la solidaridad internacional. Entre estas personas se encontraban mujeres lesbianas como Jules Falquet. Ella en conjunto con otras mujeres procedentes de los frentes de guerra crearon la “Colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna”. En 1993 la Media Luna fue objeto de un pánico moral que afectó sus procesos de visibilidad y continuidad organizativa.

Paralelo a los sucesos anteriores de mujeres lesbianas y hombres gay, las mujeres transexuales experimentaron el proceso de territorialización de las Maras, y eligieron las zonas de trabajo sexual como puntos de anclaje para iniciar su expansión. Esto condujo a diferentes crímenes de mujeres trans en esta época. Unas 80 mujeres trans que ejercían el trabajo sexual en San Salvador se organizaron en la “Asociación para la Libertad Sexual el Nombre de la Rosa” en 1998.

Las identidades políticas de lesbiana, gay y mujeres trans surgieron en la palestra nacional en el periodo de la postguerra. Por una parte, hombres gay tuvieron al VIH como eje articulador, a las mujeres lesbianas las aglutinó el feminismo y las mujeres trans se organizaron entorno a la defensa de la vida y contra los crímenes de odio. A la finalización de la década de 1990 solamente se pueden identificar al Grupo Entre Amigos en funcionamiento. No obstante, bajo su perspectiva de aglutinar a todas las minorías sexuales en el país, Entre Amigos se constituyó en un espacio de aprendizaje de una nueva generación de activistas de diferentes identidades sexuales políticas que salieron a luz pública en la primera década del nuevo milenio.

Guatemala

Desde la voz de: Numa Dávila, integrante de la Colectiva Cuirpoétikas.

Pensar en el surgimiento de los movimientos y de los grupos de la diversidad sexual en el país es sumamente complejo. Por una parte, nuestra existencia data de muchísimos siglos atrás, incluso se puede rastrear desde los registros coloniales y en las resistencias de pueblos originarios, pero precisamente por las políticas de exterminio y borramiento de todas las corporalidades que no entraban en la norma, nos han excluido de la posibilidad de tener registros históricos sobre nuestras existencias, para reconstruir nuestra genealogía como sujeto político y social.

Sin embargo, considero que en Guatemala el grupo de la diversidad sexual a como lo conocemos, data de finales de los 80 y de toda la década de 1990. Los grupos empezaron a surgir tras una experiencia de más de 30 años de guerra interna, con todos los efectos de la producción del genocidio y con eventos políticos muy importantes como lo fueron, la firma de los acuerdos de paz en 1996.

También es importante reflexionar sobre cuáles fueron las primeras corporalidades que empezaron a articular esos movimientos, que en este caso se trataron de corporalidades cisgénero de personas gays y de mujeres lesbianas, a través de la organización “Oasis” (1992).

Al observar las narrativas históricas que hay en el contexto local, pareciera que los primeros sujetos políticos y sociales que empezaron a ser beneficiarios de derechos humanos y que comenzaron a luchar por la defensa y el cumplimiento de los derechos de la diversidad sexual en el país, fueron los hombres cis, generalmente blancos o ladinos, y mestizos (para el contexto de Guatemala), clase media y alfabetizados. Sin embargo, varias mujeres lesbianas, que provenían de la lucha feminista, y que formaban parte de organizaciones como “Oasis”, empezaron a separarse y abrieron sus propios colectivos y organizaciones, como, por ejemplo: “Nosotras Somos” (1996) y “Lesbiradas” (1999).

Los grupos que iniciaron aparentemente como movimiento unificado empezaron a separarse como resultado de las opresiones de género, la misoginia, el sexismo y el machismo que se reproducían en estos espacios hegemónicamente cis, gay y masculinos.

Otro elemento importante de mencionar son los focos de acción política. En Guatemala se vivía un contexto de guerra, donde se apostaba por la defensa de los derechos humanos, pero también por la prevención del VIH y las ITS, que nuevamente han tenido —desde esa fecha hasta hoy— como principales beneficiarios a corporalidades mayoritariamente gay-cis, centralizando los recursos en esta población.

En la década de 1990 empezó la articulación y la pluralización de los grupos y las organizaciones que comenzaron a constituirse mayoritariamente como ONG, para poder acceder a financiamiento y a la movilización de recursos provenientes del norte global y de las agencias de cooperación internacional.

Nicaragua

Desde la voz de: Miguel Díaz, persona no binaria, artista, educador y activista, miembro del Colectivo Operación Queer.

En Nicaragua tenemos dos momentos: antes y después de la revolución sandinista. Sabemos que antes de la revolución no había movimiento de la diversidad sexual como tal, aunque existían muchas figuras que eran referentes en la sociedad. También conocemos expresiones de disidencias sexuales que se daban principalmente desde el mestizaje de los pueblos originarios, como es el caso de Masaya, donde podemos observar expresiones culturales que se mezclan con el folklore y con el mestizaje, las cuales tienen cierto grado de aceptación, aunque la homosexualidad, la transexualidad y la fluidez de género no hayan sido vistas de buena forma.

Luego de la revolución sandinista se marca un parteaguas, ya que con la revolución entran a Nicaragua muchas líneas de pensamiento vinculadas al feminismo. Es aquí donde se empieza a organizar por primera vez y formalmente el movimiento feminista, y el movimiento de la disidencia sexual. Sin embargo, ambos movimientos fueron mal vistos y echados a un lado por los gobiernos revolucionarios.

En el caso de la diversidad de disidencia sexual fue mucho más fuerte, al punto que hubo persecución durante los años 80, pero después durante los años 90 una vez que se hace la transición, los movimientos empezaron a ver la consolidación de las ONG.

Honduras

Desde la voz de: Nahil Zerón, persona trans masculina, organizado en la Red Lésbica Catracha y en la Colectiva Historiadoras Feministas.

La llegada del VIH en los 80 generó un fuerte impacto, no sólo por la discriminación sino también por la narrativa en torno a la enfermedad (categorizada y patologizada desde las orientaciones e identidades sexuales). Justamente ahí, en respuesta a ese contexto de violencia, discriminación y muerte que había hacia las personas LGBTI, surgió en 1985 el primer movimiento. En San Pedro Sula se fundó la primera organización LGBT y luego se crearon organizaciones a nivel de Tegucigalpa (la capital), así como en San Pedro Sula.

En los años 80 también se dio el impacto de la revolución sexual y aunque a veces se coloca a 1969 como el año de la revolución sexual y se habla de Stonewall, sabemos que esta revolución fue liderada por una mujer latina y una mujer negra, Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson.

En América Latina también había otro contexto que es importante mencionarlo y en esos momentos, haciendo una revisión bibliográfica y hemerográfica de qué era lo que pasaba, encontramos en periódicos de Honduras entre 1970 y 1975, una serie de documentos donde se narra el viaje de las ideas sobre la revolución sexual viajando a Centroamérica, pero también se miraba cómo empezaban a organizarse.

También hay imágenes de los certámenes que realizaban compañeras trans y las denuncias públicas contra espacios marginalizados. Hablamos en ese momento de la prostitución, el trabajo sexual ejercido por las compañeras trans y cómo estos lugares eran reflejados en los medios escritos como sitios marginales que arruinaban el centro de la ciudad.

Todo esto se conecta no solo con historias de vida, sino también con nuestro pasado. Llegar a este momento de colectivizar y tener organizaciones LGBT en Honduras, tuvo todo un precedente y ese precedente va mucho más allá de los años 70 y 80. Sabemos que es necesario hacer una lectura colonial a todas estas normas. El sistema impuesto del sexo—género tiene una carga colonial sobre los cuerpos de nuestros ancestros y ancestras, y es la única posibilidad de existir en América Latina.

El 28 de junio del 2021 la Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH, emitió la primera. sentencia sobre el asesinato de una mujer trans. Vicky Hernández era una mujer trans defensora de derechos humanos que atravesó todo el continuum de violencia sistémica. Fue asesinada la madrugada del 29 de junio del 2009 en el contexto del golpe de Estado por agentes policiales. Después de 12 años la CIDH condenó al Estado de Honduras por su asesinato.