Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Las mujeres con discapacidad en Centroamérica, enfrentan la pandemia

“Nada sobre nosotras, sin nosotras”.

Por: Jenny Domínguez, Oficial de Programas, FCAM.

Entrevista realizada en junio, 2020.

La mayor parte de los gobiernos de Centroamérica han realizado diversas acciones para prevenir y atender a la población en el marco de la pandemia del Covid-19, como cuarentenas domésticas obligatorias, suspensión del transporte público, suspención de clases en escuelas privadas y públicas, cierre de fronteras, entrega de víveres y/o apoyos económicos, al igual que divulgación de información para la prevención y atención de la pandemia, donde se obliga –entre otras cosas– a tomar distanciamiento social. Cada una de estas decisiones públicas, varían en los países de acuerdo a sus necesidades y estilos de gobierno. Sin embargo, no incluyen las necesidades, voces y demandas de las personas con discapacidad.

Ante este contexto, las personas con discapacidad han tenido que tomar sus propias medidas para atender las indicaciones generadas por los gobiernos, dado a que la situación de emergencia sanitaria ha profundizado la discriminación, la desigualdad y la pobreza que esta población ha enfrentado históricamente, por lo que se vuelve necesario que los gobiernos pongan atención y actúen ante la crisis con un enfoque de inclusión y género.

Las poblaciones con discapacidad no suelen contar con empleos fijos, la gran mayoría realizan trabajos informales, con características de subsistencia diaria. Con las restricciones de las actividades productivas, muchas de estas personas no tienen ingresos económicos y están enfrentando cuarentenas domiciliares con recursos escasos, generando mayor dependencia y vulnerabilidad.

Desde el FCAM mantenemos un diálogo constante con organizaciones de mujeres con discapacidad de la región y para este artículo, compañeras de Guatemala, Honduras y El Salvador, nos han compartido sus reflexiones.

Las mujeres con discapacidad consultadas, mencionan que los gobiernos en Centroamérica han hecho poco por incorporar en sus decisiones, las necesidades específicas de las personas, según sus diferentes tipos de discapacidades. La mayor parte de esta población vive en situaciones de pobreza, en zonas rurales y con poco acceso a la educación, salud integral, empleo digno, información adecuada y acceso a las tecnologías.

“En los discursos del presidente no se mencionan a las personas con discapacidad, con excepción del primer decreto, en el que sólo se mencionaron en cuanto al apoyo de alguien para movilizarlas. No hay esfuerzos específicos para mujeres ciegas. Hay que hacer gestión, incidencia, pasar por ciertos filtros para acceder a los apoyos del gobierno, pero no es seguro. No se mencionan a las mujeres en general y menos a las que tienen discapacidad”. Integrante de la Junta Directiva de la Asociación de Mujeres Ciegas de El Salvador (AMUCES).

De acuerdo con la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad firmado por todos los países centroamericanos, se reconoce a las personas con discapacidad como sujetas y sujetos de derechos, por lo tanto, en el proceso de atención al Covid-19, los gobiernos deben tomar decisiones que impacten la salud pública y velen porque todas las personas puedan acceder a las medidas de prevención y atención.

Hasta la fecha, las personas con discapacidad no han recibido acceso adecuado a la información sobre la prevención. Ni las unidades de salud ni los hospitales cuentan con intérpretes que puedan comunicar la situación de salud de las personas sordas. La mayoría del personal encargado de divulgar la información sobre prevención y atención por parte de los gobiernos, no utilizan intérpretes de señas ni tampoco divulgan la información de manera accesible para todas las personas que no cuentan con acceso a internet, teléfonos celulares, televisión y/o medios adecuados para personas sordociegas e incluso personas que no saben leer o escribir.

Otra de las medidas tomadas por los gobiernos es la suspensión de las clases presenciales en escuelas públicas y privadas. Las y los niños con discapacidad que no cuentan con acceso a internet y/o computadoras, se ven excluidos de su incorporación al sistema educativo que hoy por hoy, se está brindando digitalmente.

Por otra parte, el distanciamiento social para las personas sordo ciegas y/o con discapacidad psicosocial es un obstáculo, ya que no pueden comunicarles a sus familias, amistades y/o cuidadores, sus necesidades, su estado de salud o su situación emocional. La ausencia de acciones inclusivas forma parte de las violaciones constantes a los derechos humanos de estas poblaciones, incluyendo el derecho a la atención en crisis y/o tratamientos para su estado emocional.

El acceso a los medicamentos es otra de sus grandes preocupaciones, muchas de estas personas se encuentran en tratamiento médico, en muchos casos viven en zonas alejadas de los centros de salud y de rehabilitación. La falta de acceso a transporte y las deficiencias de su atención en los centros de salud, así como la falta de ingresos por la suspensión de todas las actividades económicas, son factores que dificultan el cumplimiento de su derecho a la salud integral.

“Es una gran preocupación. Estamos enfrentando estrés, problemas de nervios, dolores de cabeza. Esto nos está matando a pausas, porque estamos con vida y con salud, aunque con otra clase de enfermedades. Los lisiados y las lisiadas necesitamos apoyo, por lo menos de medicamentos, porque estos dolores en las lesiones no son fáciles”. Integrante de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador, ALGES.

Asimismo, la suspensión del transporte público y privado genera grandes inconvenientes para que las personas con discapacidad puedan realizar compras de víveres y de los medicamentos necesarios para atender su situación de salud, así como para acceder a los paquetes agrícolas, económicos o alimenticios que los gobiernos están brindando para poder enfrentar la cuarentena domiciliar.

La violencia intrafamiliar y la violencia sexual que viven las mujeres con discapacidad continúa siendo una realidad constante. En la mayor parte de países no existen protocolos de atención especializados en mujeres con discapacidad que han enfrentado un hecho de violencia sexual y/o de violencia intrafamiliar en cualquiera de sus manifestaciones. El confinamiento en casa profundiza las condiciones de violencia en las que se encuentran muchas mujeres y niñas al convivir con los agresores.

Por otra parte, las organizaciones lideradas por mujeres con discapacidad en Honduras, comentan que ha sido difícil articular demandas de mujeres con discapacidad que han enfrentado hechos de violencia de cualquier tipo y que tampoco han contado con el apoyo de algunas organizaciones del movimiento de mujeres.

Ante este contexto y de acuerdo con su experiencia, las organizaciones entrevistadas demandan a los gobiernos tomar las siguientes medidas para mejorar las condiciones de las personas con discapacidad y garantizar su derecho a la salud integral y a sus derechos humanos en general:

  1. Crear protocolos de atención dirigidos a personas con discapacidad para atender la cuarentena y post cuarentena, desde una perspectiva de género y de inclusión de las discapacidades. Estas herramientas, deberán reconocer las necesidades diferenciadas de acuerdo a la discapacidad, sexo, edad, condición de salud, zona de residencia, entre otros, e incorporar atención en salud emocional y dotar al personal de salud de información y capacitación sobre la atención adecuada.
  2. Garantizar la salud integral y brindar las herramientas necesarias para su acceso, incluyendo a mujeres que viven en zonas alejadas de los cascos urbanos o cercano a un centro de salud.
  3. Asegurar que las medidas de protección social y ayuda económica incluyan a las mujeres y niñas con discapacidad.
  4. Promover medios de aprendizajes accesibles y desarrollar planes de reincorporación a una educación inclusiva después de la emergencia, para que la niñez y juventud con discapacidad continúe accediendo a la educación.
  5. Brindar información accesible y clara sobre la atención y prevención de la pandemia, establecida en formatos adecuados para personas con distintas discapacidades.
  6. Asegurar que los servicios de atención y respuesta a la violencia contra las mujeres y niñas, sean accesibles para aquellas que tienen discapacidad.
  7. Tomar en cuenta las demandas de las organizaciones con discapacidad e incorporarlas en la toma de decisiones para la prevención y respuesta a la pandemia, con perspectiva de inclusión social y género.
  8. Contar con mecanismos claros de distribución de recursos del Estado para atender la emergencia. Estos deberán incluir partidas específicas para las poblaciones con discapacidad.

Las acciones para la recuperación post pandemia, deberán incorporar no solamente los enfoques de derechos humanos, inclusión social y género en la atención inmediata a las poblaciones históricamente excluidas y vulneradas, si no también, la atención a la deconstrucción de los cimientos que reproducen la discriminación.

El liderazgo de las mujeres con discapacidad en los movimientos sociales es fundamental para la exigencia y garantía de los derechos humanos y para la construcción de la paz, la justicia y la democracia. Por lo tanto, se vuelve fundamental reconocer sus luchas, logros y dificultades.

Si todas y todos en nuestro quehacer diario nos auto reconocemos como sujetas/os de derechos, será más fácil, cambiar nuestra perspectiva y acompañar a las lideresas en la lucha por la transformación social.

¡No hay derechos, sin acción!


Desde el FCAM agradecemos la información proporcionada por las siguientes organizaciones, para la realización de este artículo: Asociación de Mujeres Ciegas de El Salvador; Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador; Centro de Atención Progreseño a la Discapacidad, de El Progreso Honduras; Mujeres con Capacidad de Soñar de Sololá, Guatemala.