Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Regresar al Blog

Las maestras y maestros frente al abuso sexual

Escrito por Lic. Ruth Marina Matamoros

El lugar que tiene una maestra o maestro frente a la problemática del abuso sexual es privilegiado para la prevención, detección y denuncia de este delito.Para las madres y padres son una fuente de apoyo en todo lo relacionado a la educación de las y los hijos, aliados en el desarrollo de valores, forjadores de personas útiles a la sociedad.

Maestras y maestros podrían detectar que una o un estudiante está viviendo abuso si están pendientes de estos signos:

  1. Cuando una o un alumno empieza a bajar inesperadamente su rendimiento después de haber sido estudiante excelente o regular, les cuesta concentrarse, comprender la explicación de las clases y a veces desertan o fracasan en el estudio.
  2. A veces, el abusador vive en su casa (es decir, es parte de la familia o es alguien de mucha confianza), quisieran hacerse “invisibles” para que no les notaran y no les agredieran de nuevo, quisieran no tener que regresar a la casa donde experimentan dolor y miedo, aparece el llanto sin causa aparente, tienen cambios bruscos del comportamiento habitual o se quedan callados por mucho rato, se aíslan en el recreo.
  3. Algunas niñas y niños se vuelven agresivos o apartados, tímidos y temerosos. Otros empiezan a tener conductas muy sexualizadas para su edad, se nota prematuro su comportamiento en cuanto a ser seductores o “atrevidos” con las niñas o niños menores. Todos estos son efectos del abuso vivido.
  4. Cuando el maestro o maestra habla con la madre (o padre) sobre los cambios del comportamiento de la niña o niño, le debe preguntar si ha notado estos cambios y si tiene además otros problemas, por ejemplo, para dormir, temor a estar sola/solo, insomnio, pesadillas, sonambulismo. O si le ha visto cambios en las maneras de hacer su higiene personal, por ejemplo: lavarse o bañarse continuamente o descuidar casi completamente la limpieza corporal.
  5. Si el niño o niña no quiere quedarse solo o sola con una persona específica hay que ponerle atención, si le tiene miedo o se enoja con mucha frecuencia hay que ahondar en los motivos. Otros problemas también se dan en la alimentación, puede ser que esté presentando trastornos gástricos y ansiedad, comer en exceso o no querer comer.

Desafortunadamente en demasiadas ocasiones estos cambios son interpretados como malacrianza, vagancia o rebeldía, pero hay que escarbar un poquito más a fondo para conocer si detrás de todo este comportamiento existe un abuso sexual no revelado.

Intervenir a tiempo es muy importante y aunque abundemos en decirlo, es mejor prevenir que lamentar. Si sospecha que uno de sus alumnos o alumnas está siendo víctima de abuso, acoso o chantaje sexual, abórdele directamente y exprésele que ha notado que se comporta diferente. Dígale que puede confiar en usted y que cualquier cosa que sea hará lo posible para apoyarle. Es importante que cuando prometemos esta confianza la cumplamos, ya que, si no es así, lo que lograremos es que no vuelva a confiar en nadie más y el abuso continúe.

  1. Escúchele, crea en lo que el niño o niña le cuenta; los relatos de abuso no son inventados, sobre todo por los detalles que dan, los cuales de no ser testigos y víctimas de ello no podrían hacerlo.
  2. Dígale que ha hecho muy bien en contarlo y que ha sido muy valiente al hacerlo. Asegúrele que no tiene la culpa, el único culpable es el abusador, quien se vale de su edad, fuerza y engaños para manipularle.
  3. Explíquele que hay personas que causan daño y que para que pare el abuso es necesario que su familia lo sepa, dígale que es posible que se ponga una denuncia y detengan a su agresor. Asegúrele que en ningún caso como adolescente, niña o niño es responsable de lo que pase con este.
  4. Acompañe a la niña o niño a contarle a sus padres. Si es víctima de incesto y el abusador es uno de sus progenitores hable con el que no le abusa. Establezca una alianza con la persona o personas que lo/la protegen para buscar ayuda adecuada.
  5. Ofrezca apoyo a la familia en el caso de ser citada o citado como testigo. Y si la familia no quiere denunciar, la violencia sexual puede ser denunciada ante la Policía o Fiscalía, quienes deben llevar el caso de oficio.

Es importante que como sociedad reconozcamos que todas y todos somos responsables por el bien superior de la niñez, que debemos prevenir la violencia y que callar, a pesar de tener conocimiento de un abuso, profundiza la victimización y hace que la impunidad crezca.

Una buena maestra o maestro puede ser aliado de los derechos de la niñez.


Este artículo se publicó originalmente en la columa «Hablemos de Abuso Sexual» del Movimiento Contra el Abuso Sexual, en El Nuevo Diario (Nicaragua).