Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Regresar al Blog

Estar organizadas nos fortalece para enfrentar el sistema patriarcal

Por: Wendy Matamoros, Coordinadora de Alianzas Intersectoriales y Comunicación, FCAM.

Entrevista realizada en junio, 2020.

Dalila Vásquez, lideresa rural e indígena, integrante de la Asociación de Mujeres Madre Tierra*, nos cuenta cómo la COVID-19 está impactando a las comunidades de la Costa Sur de Guatemala y poniendo aún más al descubierto los profundos problemas estructurales de un Estado sostenido en un modelo patriarcal, colonial y racista.

FCAM: ¿Qué problemas están enfrentando en las comunidades de la costa sur de Guatemala como resultado de la pandemia?

Cuando entró la crisis sanitaria no teníamos las condiciones para hacerle frente a la pandemia. El primer problema que se nos vino fue la alimentación. Aquí las personas viven del día a día, de lo que producen, pero cuando se nos dijo que teníamos que mantenernos en aislamiento y detener nuestras actividades, fue un gran impacto, porque esta época del año es además la más difícil.

Estamos en pleno verano, en donde las necesidades básicas no están cubiertas, porque si bien las familias viven de la agricultura y logran cosechar algo de sus productos durante el invierno, para esta fecha la situación es más compleja debido a que no hay reservas alimenticias. Es por eso que las personas tienen que buscar otras formas para generar alimentos, así como los ingresos para poder vivir. Algunas producen la fruta de mango o venden la fruta de marañón, pero al cerrarse las fronteras entre pueblos, no tienen cómo vender los pocos productos y no tienen cómo abastecerse de los otros productos que son necesarios para las familias.

En las comunidades, como por ejemplo en la mía, las mujeres se dedican a la venta de alimentos. Este negocio funciona por la noche, porque es cuando más se vende. Ante la crisis todas estas mujeres (en mi comunidad, alrededor de 45) fueron las primeras en perder sus emprendimientos, porque no pudieron seguir vendiendo. Además, los primeros recursos que se utilizaron fueron los de las mujeres, porque son ellas a quienes recurren sus hijos.

Las mujeres en las comunidades están enfrentando la crisis alimentaria y la crisis económica que se ha generado y que se ha agudizado ante la ausencia del Estado. En respuesta a estas necesidades hemos trabajado en coordinación con las autoridades locales, porque, aunque la gestión la hacemos nosotras, la acción comunitaria se hace en coordinación con las autoridades. Luego se vienen sumando otros problemas que son estructurales.

FCAM: ¿Qué están haciendo como Asociación Madre Tierra ante esta situación?

Para nosotras como Asociación Madre Tierra, ha sido una situación bastante difícil y complicada. Aunque en nuestra historia de trabajo tenemos todo un proceso de gestión de riesgo ante problemas socio-naturales como las sequías e inundaciones, tuvimos que suspender las actividades regulares para empezar a trabajar en la respuesta humanitaria que se generó a partir de la crisis del COVID-19. Aun así, tratamos de adecuarnos a la situación y empezar a trabajar para contribuir en responder a las necesidades inmediatas de la población, por lo que, como organización no hemos parado.

En principio, nos coordinamos con instituciones con las cuales ya nos hemos coordinado para el trabajo que regularmente hacemos. También nos comunicamos con las organizaciones con quienes trabajamos y una institución nos aprobó el cambio de unos rubros que teníamos, para poder comprar paquetes de alimentos.

Con otra institución, con quien también trabajamos, nos coordinamos para empezar a ver toda la parte de higiene, no porque las comunidades no sepan cómo hacerlo, sino por el desabastecimiento y la falta de recursos. En las comunidades se empezaron a organizar los Comités de Control Comunitario para el ingreso de las personas y las medidas de prevención para evitar el contagio masivo. De alguna manera eso ha contribuido para que en las comunidades todavía no se hayan contagiado.

Dado a que el virus es algo desconocido, empezamos a hacer las gestiones con el Ministerio de Salud de la departamental, para ver cómo nos podíamos informar sobre la forma de proceder ante esta situación en las comunidades y aunque de alguna manera hubo voluntad del centro de salud, este no cuenta con los recursos para hacer un trabajo comunitario.

Nosotras tuvimos que ver cómo hacer para generar información objetiva y de prevención, que nos permitiera manejar con las comunidades la situación, sin entrar en pánico y sin producir tanto miedo. Pero, eso también lo tuvimos que coordinar con otra organización con quien trabajamos.

De esa forma hemos contribuido en las comunidades, porque el Estado está ausente, hay uno que otro delegado a nivel municipal –porque no es a nivel comunitario–, pero esas personas que están a nivel municipal no tienen los recursos para poder atender a las comunidades.

Aunque algunos funcionarios locales tengan voluntad para hacer las cosas, no cuentan con los recursos, como, por ejemplo, gasolina para movilizarse a las comunidades. Si no cuentan con lo básico para movilizarse, tampoco cuentan con otras cosas que son necesarios para atender la salud de las personas. Eso desde ya es un problema que afecta a las comunidades.

FCAM: ¿Qué problemáticas estructurales se acentuaron con la crisis sanitaria?

Se vino a acentuar no sólo la represión sino la discriminación, el racismo y el patriarcado, que son los grandes problemas estructurales que no se han querido abordar a nivel de políticas públicas.

Ese fue uno de los temas que nosotras abordamos, porque con el confinamiento, además de que la gente no cuenta con lo necesario para vivir, se vuelven a subir las estadísticas de violencia contra las mujeres.

Asimismo, es una expresión de racismo la ausencia del Estado a nivel comunitario, en el área rural donde convivimos la mayoría de pueblos y personas indígenas.

Lo primero que hizo el gobierno cuando empezó la pandemia fue asignar una gran cantidad de dinero –supuestamente para responder a la crisis– y para eso tuvieron que hacer grandes préstamos. Ese dinero apenas está empezando a llegar a las comunidades (con el apoyo que están dando de los mil quetzales mensuales por tres meses), pero sólo a quienes tienen energía eléctrica. Es decir, no le está llegando a toda la población.

En las comunidades hay muchas familias que no tienen acceso a tierras ni una vivienda digna y que se dedican a vender su fuerza de trabajo en otras comunidades o pueblos, y debido a las medidas tomadas por el gobierno ante la crisis, perdieron sus trabajos porque ya no los dejaron entrar.

Si no tienen tierra, si no tienen lo necesario para vivir, si no tienen energía eléctrica –en mi comunidad hay alrededor de cincuenta familias que no tienen energía eléctrica y que viven totalmente en condiciones precarias–, entonces, estas familias, que son las que más lo necesitan, no están siendo beneficiadas con ese apoyo.

Al final terminan siendo políticas racistas y discriminatorias, porque no se buscan las medidas para poder ayudar a la población que realmente lo necesita. Aparte de eso, ni siquiera nos podemos pronunciar, porque no nos podemos reunir, no podemos salir, ni tampoco tenemos los medios para poder hacer los pronunciamientos.

FCAM: Sin embargo, las grandes corporaciones y las franquicias, no dejan de trabajar.

Por supuesto, por eso decimos que son medidas racistas y excluyentes. Las grandes empresas no paran. En las comunidades, por ejemplo, nosotras que tenemos que vivir junto a los monocultivos nos estamos dando cuenta que la gente no puede salir a otros lugares a hacer sus trabajos, pero sí tienen que ir a las fincas a trabajar. ¿Por qué? Porque las fincas son grandes agronegocios, que responden al final de cuentas a quienes están detrás del gobierno, tomando las medidas, moviendo las piezas, para que el sistema económico –opresor y excluyente– siga funcionando.

Esas son las grandes contradicciones que hay en nuestros países, porque las grandes corporaciones, los dueños de los grandes monocultivos no han parado. Para ellos no hay ley que les sancione ni ley que les prohíba, no hay Ministerio Público que les persiga, no hay Policía que los esté controlando, no hay Ejército que esté ahí viendo sus movimientos. Mientras que en las comunidades se ha desplegado el Ejército y la Policía para controlar a la gente que vive de lo que produce, que vive de los pequeños negocios y de la microeconomía.

Esas son las situaciones más complejas que toca enfrentar, porque no es sólo el hecho de no tener lo necesario para vivir, sino que también se nos limita el poder ejercer un trabajo para poder conseguir lo necesario.

Son los grandes problemas que responden desde siempre a los problemas estructurales que nos mantienen en la pobreza, porque al final de cuentas es eso, de que la gente se mantenga en situaciones de pobreza para seguirla explotando, para seguir aprovechándose de sus necesidades, porque a quienes le llegaron los grandes millones no fue a la gente.

FCAM: ¿Cómo están sosteniendo la vida y sosteniendo sus luchas?

Hemos seguido promoviendo la agroecología, para que la gente pueda conseguir lo básico con respecto a su alimentación. Sin embargo, aunque es una experiencia que se ha trabajado con varias familias que ya han avanzado en este tema, no es una estrategia que puede funcionar para todas, porque hay otras que todavía están pensando en la producción para la venta, porque la tierra no es suficiente, porque no tienen tierra, porque viven en lugares prestados, son muchas los factores que no permiten que toda la gente quiera o esté en el proceso de la agroecología.

Con las familias con quienes ya se tiene este proceso, es una de las alternativas que estamos fortaleciendo para poder enfrentar el problema del hambre, pero también hay que ser realistas, porque si bien la agroecología es una alternativa, también hay que tomar en cuenta que en nuestras comunidades el problema de la sequía es fuerte en época de verano. Entonces, aunque la gente tenga sus prácticas de recuperación de suelos y de diversificación, la falta de agua siempre afecta fuertemente en esta época del año.

Por otra parte, a nivel nacional, nosotras junto a otras organizaciones, estamos insistiendo para que el Congreso de la República apruebe la Iniciativa 5452, Ley de Desarrollo Económico de las Mujeres. Consideramos que este es el momento justo, ya que el gobierno está insistiendo en recuperar la economía nacional. Si el Estado pudiera tomar conciencia de la importancia del papel que tenemos las mujeres en la economía familiar y nacional, y si logramos los votos de los diputados, esa podría ser una alternativa.

La Iniciativa 5452 contempla tres programas específicos: 1) capital semilla para las mujeres que ya tienen un emprendimiento o que quieran tener un emprendimiento, 2) créditos con intereses bajos y 3) subsidios para grupos y organizaciones de mujeres que de manera conjunta están haciendo acciones productivas.

En estos tres programas se enfoca la iniciativa de ley, pero también incluye la coordinación con otras instituciones para trabajar la capacitación técnica, acceder a recursos tecnológicos y de alguna manera fortalecer las capacidades de las mujeres, para que esos recursos invertidos puedan tener el resultado que pretendemos, el cual es que las mujeres generen sus propios recursos.

FCAM: ¿Qué las mantiene con fuerza para continuar la lucha?

Nosotras de alguna manera consideramos que la única forma de poder enfrentar todo este sistema, es estando organizadas. Esa es la única forma, porque es lo que nos ha permitido dar pequeños pasos, lograr pequeños cambios que a la larga se van convirtiendo en cambios importantes. Yo me pongo a pensar en las comunidades donde nosotras trabajamos, al principio, el problema de la violencia era más fuerte de lo que es actualmente.

Para nosotras, estos cambios y otros que vamos viendo con el trabajo que realizamos, son las cosas que nos dan la fuerza para seguir insistiendo en la transformación de los problemas estructurales que se viven en nuestro país y aunque estamos conscientes de que lamentablemente quienes nos gobiernan tiene todas las características de los problemas estructurales, como el patriarcado, el machismo, el fundamentalismo, el racismo, consideramos que si nos mantenemos firmes, si nos mantenemos organizadas, si nos mantenemos con la fuerza para seguir insistiendo, lo podemos lograr. 

*Sobre la Asociación Madre Tierra:

Madre Tierra es una asociación de mujeres en donde sus integrantes se comienzan a organizar como refugiadas desde México (a inicios de los 90) para un retorno a Guatemala, libre y organizado, y para seguir luchando por el acceso de las mujeres a la copropiedad de la tierra. Sus abordajes son la defensa de la soberanía alimentaria —a partir de la agroecología—, la creación de alternativas económicas para las mujeres, el impulso de procesos formativos en derechos de las mujeres y la incidencia a nivel nacional para la aprobación de la Ley para el Desarrollo Económico de las Mujeres.