Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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El encierro de José

Por: Lu Gilberto De La Rosa (nombre artístico). Artista panameño multidisciplinario. Activista por los derechos de los hombres trans y miembro activo de Hombres Trans Feministas Panamá.

Cae el último rayo de luz, las sombras se apoderan del mundo. El cuerpo se hace lento, pesado y sin sentido. Las lágrimas rondan las horas que ocurren despacio. José enciende la radio y el sonido de las olas del mar le acaricia la frente. «La hora en Ciudad de Panamá: 12 de la media noche»—Estéreo Bahía.

La ciudad descansa en medio de una tensa calma, a lo lejos se escucha el ruido de los gatos callejeros que se aparean sin control. José ha intentado toda clase de tareas, retos y metas para no sucumbir en los brazos de la depresión, pero le pisan los talones la inseguridad, el desamor de la familia y la tristeza.

Lleva encerrado cuatro meses producto del COVID-19 que ha robado el calor humano, la esperanza, las vidas y a muchas personas trans, la libertad.

La radio sigue sonando. Lágrimas brotan. Las horas curtidas de soledad avanzan, porque no hay
nada bajo este cielo que detenga el tiempo, sólo la muerte. Tic, tac, tic… tac… tic…tac. La vida pasa.

Frente al espejo José observa, cómo saltan de su cabeza un número desproporcionado de pensamientos angustiantes, lacerantes, imposibles de soportar sin venirse abajo, aún para el más optimista.

Revuelve la cama con todo su ser. Huele a desconsuelo, la pasta de dientes se ha terminado y el desodorante ahora es un limón que frota entre sus axilas.

Aventura la nariz por la única ranura del cuarto apretado donde vive y es por ahí por donde recoge una ínfima bocanada de aire.

¡Atención! noticia de última hora, avisan por la radio:

“El presidente Nito Cortizo Cohen, ha decretado salidas por género, las mujeres saldrán los lunes, miércoles, viernes y los hombres, martes, jueves y sábado, dos horas por día, en horarios de acuerdo al número de cédula. Los domingos serán de cuarentena total”.

Al abrirse la ronda de preguntas, se le cuestionó sobre el bono digital, si aumentará de los escasos 100 dólares mensuales a 300, como han sugerido varios sectores y cuándo llegará la ayuda al gran número de personas que aún no reciben ningún tipo de apoyo.

Preguntan si limitará las operaciones del Canal, pues millones de galones de agua dulce van al mar con el paso de cada buque y han habido varios cortes del servicio de agua potable de hasta 3 días en las provincias de Panamá, Colón y Panamá Oeste, donde se concentra más del 50% de la población y la mayor cantidad de casos, en medio de la pandemia, y las recomendaciones de extremar las medidas de aseo. Además, sobre la falta de insumos y equipo de protección para el personal de salud, respondió con una amplia sonrisa y un “la ayuda está llegando a todas las familias. ¡Vamos a ganar esta guerra Panamá! ¡Un aplauso a nuestros héroes de blanco!”, mientras se retiraba dando fin a la conferencia.

José, ha sido sentenciado a un encierro aún más severo, pues el sexo en su cédula de identidad no concuerda con su rostro ni su cuerpo.

Un deseo incontrolable de incendiarlo todo se apodera de él. Le nacieron fuerzas de furia y desesperación, braveó, maldijo todo lo que se mueve en la tierra, lanzó los libros, libretas y lápices que tenía primorosamente organizados en la mesa, los utensilios y los pocos suministros de alimentos de la última donación del grupo de mujeres que se organizaron para apoyar a las mujeres y personas trans, medio paquete de arroz y unas cuantas latas que reposaban desprevenidas en el pequeño mostrador de la diminuta cocina, y todo lo que había hasta en el rincón más escondido. En escasos minutos, el minúsculo refugio, quedó como si le hubiera poseído el espíritu de un huracán.

Jadea, se retuerce, le duele, se ahoga, llora.
Si tan solo tuviera una esperanza, dice, casi sin voz.
Se siente desfallecer. Un sueño abrumador se apodera de él.

Las pesadillas de la realidad y las oníricas dan paso a un sueño extraño en que está rodeado de infinita paz y siente calidez en el corazón. Es ahí y en ningún otro lugar donde quiere estar. Se ve rodeado de gente que comparte en armonía, diversidad de personas y géneros que cuidan del cuerpo y las emociones con amor. Le embriaga la sensación y desea quedarse allí dormido para siempre. Su abuelita Sonia lo mira con esa sonrisa dulce y le toma de las manos: “Todavía no es tu momento de venir conmigo amorcito. Respira como te enseñé. Todo mi amor está contigo”.

Un intrépido rayito de luz atraviesa la única ranura del cuarto apretado donde yace José, logrando despertarlo de su profundo sueño. Cuando recobra el conocimiento, el rayito de luz que segundos antes iluminaba su rostro, ahora se posa sobre un libro que creyó perdido, lo reconoció en el acto, era la única herencia de su abuelita Sonia y tuvo que esconderlo muy bien entre sus cosas para poder sacarlo clandestinamente, como si lo estuviese robando, aquel día en que sus padres le invitaron imperativamente a abandonar el único hogar que había conocido en 18 años de vida, luego de encontrar la cajita de testosterona en su mochila de la universidad.

José atesorará para siempre el momento en que sintió materializarse dentro suyo las palabras de introducción del libro cuando finalmente lo abrió para leer.

“Puedes ser, hacer y tener todo lo que quieras” “El amor viene de muchas fuentes, siempre hay amor para ti” — sintió que quería saber todo sobre ese amor, así fue como se sumergió el siguiente mes en leer cuanto libro y copias de libros le había dejado la chica del grupo de mujeres que desde la primera visita asomó sus ojos curiosos y se dio cuenta que le gustaba leer, y que él nunca había siquiera ojeado, “¿feminismo? ¿autoayuda?, pereza, tal vez luego”.

Sentado en postura de flor de loto se encuentra José todos los días, quince minutos le bastan para dejarse llevar por su respiración hasta el lugar de paz y amor que existe en su interior. Esos minutos de paz en su interior le ayudan a rodear los retos que le ofrece, generosa, esta pandemia.

Inspira profundamente. Ahora participa en el círculo de lectura por Zoom del grupo feminista. Exhala lentamente. Se siente menos solo. Chatea sobre libros con la chica de ojos curiosos. Inspira profundamente.