Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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El centro de la invisibilización

Por: Li Wakwara.

Nos contaron de todo, menos de nosotras/nosotres mismas. Por mucho tiempo me he preguntado ¿por qué nos pasa a nosotres/nosotras? Y es que primero hay que hacer una revisión histórica.

Provengo de un territorio de lucha y resistencia ancestral que antes de la colonización, los pueblos que coexistíamos manteníamos relaciones armoniosas con nuestro entorno y demás existencias. Me refiero al corazón de Abya Yala, de Hibueras o Higueras, el mal llamado territorio de nombre colonial: Honduras.

Crecí en calles de tierra, rodeada de montañas y ríos, en un país centroamericano —al igual que los demás países hermanes vecines— olvidades, invisibilizades y recordades únicamente cuando se trata de un mundial de fútbol o cuando en noticias internacionales mencionan “migrantes centroamericanxs”, y es que nuestros territorios han sido víctimas de dictaduras militares y político-partidarias, guerras, bases militares gringas, despojos territoriales de blanqueamientos de nuestra historia, hogar del dengue, del zika y chikungunya, en el que ser de pueblos originarios indígenas y negros, ser mujer, ser niña/niño/niñe , ser una persona trans y/o ser una persona no binaria no sólo representa un peligro para nuestras vidas, sino más bien que somos el objetivo a silenciar e invisibilizar y esas violencias pueden llegar a incrementarse o mantenerse dependiendo del contexto territorial.

Me refiero que desde la urbanidad y el campo las experiencias son totalmente diferentes. De alguna forma nuestras voces han sido opacadas por el patriarcado, el racismo y el capitalismo, sistemas materializados en el Estado, el ente encargado de controlar, producir y reproducir mediante sus instituciones y mecanismos, las formas más violentas para ser despojadas/despojades de nuestros territorios tierra/cuerpa.

En el actual contexto afectado por el COVID-19, nuestras esperanzas de vida se reducen con mucha más rapidez, porque desde antes de la pandemia, el sistema de salud estaba colapsado y nunca hemos recibido atención desde esos lugares.

Los pueblos originarios indígenas y negros, las mujeres, niñas/niños/niñes, las personas trans, no binarias, gordes, discas, neurodiversas, empobrecidas y marginalizadas, hemos sido olvidadas aún por personas de nuestros propios territorios y desde espacios clasistas y academicistas, donde nos tratan como si no entendiéramos nuestros contextos y de paso, intentan, de alguna forma culpabilizar a todas aquellas personas que están nombrando las violencias que nos atraviesan, por incomodar sus cotidianidades acomodadas.

Nos dicen: “no se esfuerzan lo suficiente”, aún así nosotras/nosotres hacemos eco desde el pueblo, el barrio, la comunidad, empobrecidos y en las periferias, y desde aquí tejemos redes, redes solidarias, de afecto, de cariño, de trabajo, de compromiso, de lealtades, de resistencia, y estamos convencidas/convencides que la única forma para poder resistir a todas estas “normalidades”, es a través de un trabajo colectivo, en donde si nos cierran una puerta no esperaremos que nos abran una, vamos y abrimos otra, con la dignidad en alto reclamando el lugar que por 528 años nos han arrebatado.

El compartir lo que tenemos entre diversas existencias ha significado una luz hacia nuestros caminos, nos han permitido encontrarnos, escucharnos, abrazarnos y cuestionarnos con nosotras mismas/mismes, aquí compartimos los frijolitos, aunque sean pocos.

La forma de exigir el respeto de nuestros derechos y el reconocimiento de nuestras existencias la hemos materializado desde nuestros lugares, desde nuestras cuerpas rebeldes; hemos gritado con todas nuestras fuerzas y rabia en las calles, las calles han sido nuestras. Como les incomoda nuestra escritura, les escribimos en los muros y paredes, y en todos aquellos lugares donde no puedan olvidar que nos han sometido.

Reconocemos que el ser parte de una grupalidad histórica y sistemáticamente oprimida no nos exime de reproducir alguna de esas conductas violentas que hemos recibido, sin embargo, desde la disidencia sexual y feminismos comunitarios hemos venido colocando junto a otras existencias la necesidad de hablar sobre nuestros problemas y diferencias, de colocar sobre la mesa nuestras actitudes y estar dispuestas a reflexionar y hacernos cargo de nuestras conductas, generando diálogos y discusiones que nos permitan encontrar la claridad para que nuestras reivindicaciones no se queden en discursos, sino que nos lleven a la coherencia.

Proponemos así una revisión histórica y epistemológica de nuestras existencias, que nos permita un primer reconocimiento por parte de nosotras y nosotres mismes, que encaminen trabajos dirigidos a la recuperación de la memoria histórica de nuestros pueblos y experiencias de nuestrxs ancentrxs.

Nos reivindicamos como parte de comunidades ancestrales materializadas en corporalidades rebeldes y subversivas que nos negamos a ser parte de un Estado asesino, patriarcal, racista, capitalista, clasista, misógino, gordo-odiante, homo-lesbo-bi-trans odiante, que no reconoce nuestras existencias y la de nuestras/nuestres compas.

Reclamamos nuestros lugares posicionándonos desde diversas creaciones, algunes dicen arte, llámeles como guste, nosotras sólo estamos creando y construyendo nuestras historias escritas y narradas por nosotras mismas/mismes.