Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Desintoxicándose del amor romántico patriarcal

Elaborado por: Gabriela Paz

 

 

Todo mundo habla del amor, se transmiten ideas sobre el amor en las canciones y en las películas. Le dedicamos días conmemorativos a la celebración del amor romántico, sobre todo al amor erótico y filial de parejas heterosexuales.  Esta cultura romántica nos seduce con la idea de que ese amor ideal solo podemos encontrarlo en la pareja. Si el amor triunfa, retoñará en nueva vida, nuevos seres que se sostengan del amor filial. Sin embargo, las relaciones de pareja no son tan maravillosas, fáciles o perfectas como se presentan en la televisión. Estos espacios han construido una ficción romántica, donde el amor todo lo vale y todo lo arregla, sobre todo a costa de la salud, los sueños y la vida de las mujeres.

 

Las mujeres nos acostumbramos a escuchar socialmente al amor como fuente de realización personal, pero tal cual se enuncia, parece que las relaciones románticas son en extremo opresivas y peligrosas para nuestra propia libertad. 

 

Esta construcción del ideario amoroso y de los valores que cumplen, nos vuelve a las mujeres particularmente susceptibles a buscar construir relaciones desde la dependencia emocional, limita significativamente nuestra sexualidad a la posibilidad de establecer un vínculo amoroso para experimentarla, y no se asume que es un aspecto que deberíamos disfrutar. 

 

Las exigencias en torno a la demanda amorosa sobre las mujeres son altas, se basan en la pretensión social de la capacidad que tengamos de sacrificarnos por el ser amado y de descuidarnos a nosotras mismas. Con base a esta idea se nos cataloga como el pilar y sostén de las relaciones amorosas, no solo las de pareja, si no las filiales y familiares. La mayoría de las tareas del cuidado que son asignadas socialmente a las mujeres, se legitiman bajo la promesa del amor y estima, como recompensa.  

 

Muchas mujeres a lo largo de la historia han postergado sus propias necesidades ante las necesidades de los demás bajo esta lógica: seremos más amadas en la medida que nuestra abnegación lo permita e igualmente juzgadas si no sabemos responder desde nuestras propias precariedades.  Por ello la ficción amorosa que nos han vendido, no sólo explicita los alcances que debemos dar en las relaciones de pareja, si no que se extienden a todo el grupo familiar y otras personas cercanas. 

 

Si amar significa postergarnos, volvernos dependientes, sumisas y cuidadoras, descuidándonos de nosotras mismas para ser libres ¿hemos de dejar de amar? ¿Amar es intrínseco a este cuadro opresivo? ¿Seguiremos entendiendo que el amor ha sido el opio de las mujeres? Los hombres han gobernado el régimen de nuestras vidas, mientras las mujeres nos preocupamos de amar.  Como señalaba Kate Millet, en su texto Política Sexual. 

 

Desde las propuestas feministas se han gestado diversas críticas a estos valores y normas que condicionan la forma en que nos relacionamos y amamos, cuestionando no solo quiénes somos las mujeres en este entramado, si no cómo nos relacionamos con las demás personas, sobre todo con los hombres. 

 

Propuestas para desintoxicarnos del amor patriarcal 

 

Amor libre. La construcción de una relación amorosa fuera del contrato matrimonial como organización social, cuestionar y desaprender los valores de la pareja como una figura de respaldo que sostiene a la sociedad, pero en realidad, sostiene un entramado económico de dependencia.  Al desmontar la idea que el otro, afuera de nuestra propia persona, encontraremos la fuente de la realización y felicidad personal. La mayoría de personas cargamos con nuestras propios aprendizajes y heridas, tenemos sueños, proyectos laborales, espacios de realización personal que pueden brindarnos también mucha satisfacción y realización personal.  Constituir una pareja no debería leerse como máxima del triunfo de la vida y carecer de esta tampoco debería leerse como un fracaso. 

 

La propuesta amorosa comunitaria y la propuesta poliamorosa. Las relaciones eróticas afectivas entre personas del mismo sexo y limitadas a la práctica sexual con una sola persona, se ha instituido como jerarquía sobre las relaciones de amistad y familiares. Sin embargo, las relaciones amorosas no tienen por qué ser el espacio privilegiado donde se desarrollan las relaciones de convivencia más perdurables y disfrutables a largo plazo. Podemos construir un sujeto extensivo de nuestro amor entre amistades, familiares o múltiples parejas, jugando a la idea de romper estas jerarquias que dan más valor a un tipo de relación que a otras y extender la red de cuidados emocionales y afectivos más allá de una pareja. 

 

La responsabilidad afectiva. Ser claras con nuestras necesidades, intenciones y decisiones frente a las otras personas nos ayudará a establecer relaciones más equitativas. Reconocer que las otras personas no son objetos de posesión sujetos a un contrato, reconocer las necesidades sexuales y afectivas diversas, despojarse de la hipocresía de guardarse para sí la información sobre los actos consumados, comunicar y buscar la libertad, entendiéndose como la capacidad que tendría un ser de amar a otro o varios simultáneamente, libre de prejuicios morales, como realización personal. 

 

Somos frutas completas y nuestra vida y forma de ser, se va transformado y floreciendo a lo largo de la vida; somos un cúmulo de experiencias e historias. Somos personas complejas, cada persona es un universo único por explorar y conocer. 

 

En este mes del amor y la amistad, invito a reflexionar sobre el lugar que le damos al amor en nuestras vidas y cómo lo que sabemos del amor permite que sintamos placer y disfrute. Invito sobre todo a las mujeres a cuestionarse los costos de sus relaciones afectivas.