Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Cuando los derechos se acaban en minutos. La situación de las trabajadoras domésticas en Centroamérica

Por: Helen Barrientos, Oficial de Programas, FCAM.

Entrevista realizada en junio, 2020.

Verónica, de 41 años, empezó a trabajar desde los 12 como empleada doméstica. “Desde que empezó el confinamiento no me dejaron salir, sino hasta hace 2 fines de semana”. Durante el confinamiento se quedó sola, había otra compañera que hacía la limpieza, pero ella se fue. Le tocó hacer todos los oficios por 15 días hasta que habló con la familia sobre la carga, “entraba a mi habitación a las 10:30 pm, después de haberme levantado a las 5:00 am para hacer el desayuno. Estoy pasando mucho estrés”.  La mandan a hacer mandados, aunque eso signifique un riesgo. “Sólo en las noches puedo hacer llamadas con mis amigas, mi familia, o participar en los talleres de la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de la Maquila -ATRAHDOM-”. Verónica no se siente recompensada, ya que no hay una correspondencia entre todo el trabajo realizado frente al salario recibido. “Me cansé, estoy triste y muchas veces me desanimo, es un estrés extra tener que atender todo el día a cuatro personas, sin descasar”.

Situación de las trabajadoras domésticas en la pandemia

Verónica, como muchas otras mujeres centroamericanas, no ha tenido acceso a una educación formal y debido a eso es parte del 93% de mujeres dedicadas al empleo doméstico. Según un estudio de ONU Mujeres, la gran mayoría de ellas, carece de acceso a la seguridad social y ahora en la pandemia sufre más abusos laborales¹. Muchas veces nos preguntamos qué es lo que pasa en la ciudadanía al no querer reconocer el trabajo doméstico como un trabajo. Se piensa que pertenece a  la economía informal; sin embargo, no es posible colocarlo en esa categoría ya que se tiene una relación contractual con un determinado empleador, en este caso una familia completa. Pero al tratarse de derechos laborales y humanos, en la gran mayoría de los casos no son reconocidos.

Susana Vásquez de ATRAHDOM (Guatemala), nos comenta que “ese 16 de marzo, los teléfonos no dejaba de sonar, nos llamaban contándonos que las despidieron, sin pago, sin prestaciones y sin nada. Era penoso tener que recibir esas llamadas, algunas llevan muchos años de trabajar en las casas. Muchas son las que sostienen su hogar y no tuvieron consideración”.

En la emergencia sanitaria y cierre de los países centroamericanos y sus fronteras, las trabajadoras domésticas fueron las personas que de inmediato recibieron las consecuencias. Floridalma Contreras del Sindicato de Trabajadoras Independientes de Trabajo Doméstico Similares y a Cuenta Propia -SITRADOMSA- (Guatemala) también aborda la problemática: “Hemos vivido tan cerca de la situación con las trabajadoras, se han afectado las que trabajaban por día, a partir de marzo se quedaron sin trabajo, les dijeron que las iban a llamar cuando terminara esto. Tampoco les está llegando la ayuda del Gobierno, todo requiere un trámite y recursos como internet o un teléfono inteligente y no lo tienen”.

Según un sondeo que realizó ATRAHDOM, en Guatemala hay más de 250,000 empleadas domésticas, de las cuales el 32% fueron despedidas o las han ido despidiendo durante se ha ido desarrollando la pandemia y el 65% de ellas se quedaron trabajando en condiciones de explotación y riesgo, confinadas. A algunas les bajaron el salario. Susana Vásquez nos cuenta:

A una compañera no le han pagado desde febrero, le dicen vos esperate, igual no te podés ir a tu casa, si llegás no te vas a poder regresar, para qué querés el dinero, no le prestan el teléfono y ahora tiene varios días de no poder comunicarse con ella”.

En Nicaragua la situación es similar, todas están afectadas de una u otra manera, es que les trabajan a otros que también son empleados y mucha gente se ha quedado sin empleo. Hay 27,000 trabajadores inscritos en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y el 50% está desempleado. Por lo anterior, a las trabajadoras domésticas se les ha  recargado el trabajo y se le disminuye el salario, están inestables, van algunos días a trabajar otros no, las familias no quieren que las trabajadoras salgan de las casas, para no contagiar a la familia; se sienten presas y e inseguras. María Mercedes Martínez de la Federación de Mujeres Trabajadoras Domésticas y de Oficios Varios de Managua “Julia Herrera de Pomares” – FETRADOMOV-.

Por qué no cuidamos a quienes nos cuidan

En términos generales, el trabajo del hogar no es considerado un trabajo, sino que un rol y un mandato que las mujeres desempeñamos simplemente por el hecho de ser mujeres. Cuántas veces no hemos oído la misma historia de parte de un hombre: mi esposa no trabaja, se queda en la casa, cuida a los niños, hace los oficios, la comida. ¡Vaya trabajo!  Recordemos   que mantiene la estabilidad del hogar, la salud financiera de la casa y de quienes habitan en ella. Pero eso no es considerado un trabajo. En palabras de Silvia Federici: “el capitalismo se ha encargado de convencer a las mujeres de que su ámbito era el trabajo doméstico y la reproducción, sin reconocimiento o salario. Ha hecho creer a las mujeres que las tareas propias del hogar y del cuidado de los hijos era un ´acto de amor´”.

Y quienes han concebido para sí mismas esas ideas, al contratar a otra persona, lo hacen para que les “ayude”. Démonos cuenta la carga que eso contiene. Seguimos sin reconocer que las labores domésticas son un trabajo.  En esta emergencia sanitaria la mayoría de personas lo primero que hizo fue despedir a la trabajadora. En su lugar, se quedó la “señora de la casa”. Igual lo sabe hacer, así la formaron y la educaron; aunque ella también tenga teletrabajo, le toque revisar tareas de las y los hijos, y seguir con sus múltiples quehaceres.

Todas las mujeres que podamos emplear una trabajadora en nuestra casa, deberíamos de tener en mente que las opresiones que nosotras causemos o de las cuales seamos partícipes, nos las estamos haciendo a todas las mujeres. Dentro del ámbito laboral, podemos contribuir a dignificar y hacer que las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas mejoren, en esa misma concordancia vamos a mejorar todas como género.

Dignificar el trabajo doméstico nos compete a todas.  Nuestra lucha por los servicios sociales, es decir, por mejores condiciones laborales, siempre se verá frustrada hasta que no se establezca en primer lugar que nuestro trabajo es trabajo”. (Federicci). Este reconocimiento es crucial, porque aparte de demandar leyes que reconozcan los derechos laborales, necesitamos hacer un refrescamiento de ideas. No podemos seguir contribuyendo a que una persona se sienta presa y coaccionada en nuestro propia casa. Un trabajo debería ser el espacio en donde las personas, aparte de obtener recursos para vivir, pueda tener la oportunidad de un desarrollo pleno.

Como bien lo expresa Verónica: “para estar algún tiempo tranquila y ocuparme de mí, alquilo una habitación que sigo pagando, es un lugar en el que descanso, nadie me molesta y lo uso para tener libertad los fines de semana”. Aunque sabemos que eso le implica un poco más de gastos, es necesario y vital para ella tener un espacio propio, estar organizada y seguir estudiando ya que eso le ha dado las herramientas necesarias para defender sus derechos y salir de a poco de la explotación que pretenden ejercer sobre ella.

Relevancia del Trabajo Doméstico a nivel internacional y dentro del movimiento social

Dentro de los movimientos sociales, la temática ha entrado tibiamente, como nos comenta Maritza Velásquez de ATRAHDOM, “nosotras seguimos siendo las mismas las que estamos activando en el tema de Trabajo Doméstico, no está en la agenda del movimiento de mujeres tampoco dentro de la agenda del movimiento sindical, hemos estado, sensibilizando a las organizaciones y atendiendo a las trabajadoras”. Igualmente lo enfatiza Floridalma Contreras de SITRADOMSA, “no hay muchas articulaciones de parte de las instituciones, lo mejor ha sido la visibilización de  la situación de la violencia contra las mujeres, la FITH está haciendo llamados ante los estados sobre la situación. La OIT hizo recomendaciones específicas a los estados parte sobre el tema de los derechos de los y las trabajadoras, lo cual incluye a las trabajadoras domésticas, por lo de los horarios extensivos”.

Para las dirigentas de estas organizaciones, las alianzas internacionales son muy importantes y cobran mayor relevancia cuando los estados parte hacen compromisos para cumplir con los derechos fundamentales de las trabajadoras domésticas. Sin embargo, en estos momentos luchar para que sea ratificado el Convenio 189 en Guatemala y El Salvador está siendo muy difícil, es una lucha que no hay que dejar, aún en confinamiento las articulaciones y alianzas se deben seguir propiciando.

No hay crisis, ya sea sanitaria o política, que se pueda superar cuando los derechos fundamentales se menoscaban. En Nicaragua, FETRADMOV, sigue trabajando con las inspecciones laborales, con el Ministerio de Trabajo, para que no se cometan las violaciones de derechos laborales ya que si una trabajadora se enferma las mandan a su casa sin salario y sin medicina. Y también a nivel internacional con la Federación Internacional de Trabajadoras y trabajadores del Hogar (FITH) de donde todas las organizaciones entrevistadas son parte, se está trabajando en un manual sobre Seguridad Ocupacional, post pandemia. Esta será una herramienta con la que todas podamos contar para seguir en la prevención del COVID-19, en protección de todas aquellas mujeres que cuidan a otras y otros, quienes arriesgan su vida y obtienen mínimos beneficios por hacerlo. En palabra de María Mercedes. “Si no nos cuidamos nosotras mismas, ¿quién nos va a cuidar? Estamos sensibilizando a que se cuiden y se protejan. Las empleadoras deben dar los insumos, pero si no se los dan, hay que sensibilizar ante la emergencia, más allá del momento”.

Continuar la lucha por los derechos laborales en tiempos de esta u otra crisis

Uno de los retos más urgentes y que cada vez se nos plantea de frente, es que los movimientos sociales y organizaciones de mujeres y feministas, tenemos que hacer más énfasis en la construcción de estrategias sostenibles en los contextos tan devastadores, que desde hace décadas estamos enfrentando. En las organizaciones que defienden los derechos laborales aseguran que una de las formas es seguir denunciando los abusos laborales de parte de los empleadores. Además, no bajar la guardia en el cabildeo con los legisladores para seguir convenciéndolos de las ratificaciones de los convenios 189 y 190 de la OIT, según sea el caso en cada país. Seguir generando datos, a través de encuestas y sondeos con las propias trabajadoras, estar pendientes de ellas, que sepan que tienen un lugar (la organización) a donde acudir en caso de necesidad. Seguir fomentando todas las capacitaciones que sean necesarias, adaptándolas a las necesidades tecnológicas y de tiempos de las trabajadoras. Mover en redes sociales dicha problemática y hacer conciencia en los empleadores, para que puedan ver el trabajo doméstico como un trabajo con todos los derechos, como los demás.

A 9 años de la aprobación del Convenio 189 de la Organizción Internacional del Trabajo, hay que seguir luchando. Tenemos que hacer el esfuerzo para que lo ratifiquen los países que no lo han hecho y las trabajadoras puedan mejorar las condiciones de vida. ¡Unidas somos más fuertes!, María Mercedes Martínez (FETRADOMOV).


¹ María-Noel Vaeza, directora de ONU Mujeres para las Américas.