Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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El Covid-19 nos empuja a liderar las empresas y organizaciones desde un enfoque sistémico.

Hoy más que nunca el sistema social requiere de liderazgos descentralizados, flexibles y evolutivos. Son estos liderazgos los que tienen más posibilidades de sostener y sacar a flote a las empresas y organizaciones durante la crisis sanitaria global y después de la pandemia. 

Por: Wendy Matamoros, FCAM

Son las 2pm de Nicaragua y las 3pm de Texas. Virginia Lacayo* me pide unos minutos para ir a tomar agua porque acaba de terminar una reunión por Zoom sobre su “Programa de Gestión de Emociones y Desarrollo de Resiliencia para Líderes”. Desde que la crisis sanitaria del covid-19 comenzó en enero, ha estado dedicando gran parte de su tiempo a acompañar a líderes del sector privado, del sector sin fines de lucro y del sector académico de distintos países de Latinoamérica y Estados Unidos, en realizar la transición hacia un estilo de liderazgo sistémico virtual, hacia procesos participativos de facilitación en línea, hacia el desarrollo de la inteligencia emocional en el marco de la crisis y hacia un pensamiento estratégico para equipos directivos.

¿Por qué priorizar estos temas, en estos momentos de crisis global y local?

Lo que sucedió con el covid-19 es que la mayor parte de las empresas y organizaciones estaban enfocadas en las implicaciones que iba a tener la pandemia para la salud, pero no dimensionaron todas las implicaciones que iba a tener para la cultura organizacional.

La pandemia las agarró sin estar preparadas para el trabajo a distancia y sin estar conscientes de que la tecnología se iba a convertir en un elemento de sobrevivencia, a pesar de que la brecha digital se ha acentuado más que nunca.

La tecnología está forzando a que se descentralicen las tomas de decisiones, los procesos de trabajo, los procesos ejecutivos, los procesos de producción. Se está trabajando en micro unidades y a distancia. Además, las organizaciones y las empresas se están liderando desde las casas, cuando a la vez se está lidiando con todo el entorno doméstico.

Hoy más que nunca, las habilidades de liderazgo tradicional (piramidal) no encajan con las realidades que estamos enfrentando. Uno de los grandes retos que tienen las y los líderes es la descentralización de la autoridad y, por lo tanto, de la responsabilidad.

¿Cómo pueden lograr los resultados que sus organizaciones y empresas necesitan alcanzar? Distribuyendo las decisiones de manera más equitativa, de tal forma que no todo recaiga sobre la o el líder, porque organizaciones tan complejas en contextos tan complejos, no pueden ser lideradas por una sola persona o un grupo reducido de personas.

Entonces, las y los líderes se ven en la necesidad de aprovechar todos los recursos a los que tienen acceso (el equipo humano) para que conjuntamente busquen cómo responder ante problemas complejos y piensen cómo sacar ventajas competitivas de la situación, cómo avanzar en el trabajo, cómo apoyar a sus grupos de interés, cómo contribuir para que el mercado no se caiga, ni para que la empresa o la organización se caiga. Pensar en todo esto ya no es el rol de una sola persona.

Estamos viviendo un momento clave en nuestra historia, donde los liderazgos piramidales se ven sacudidos por un nuevo contexto que empuja a desarrollar otras formas de liderar, donde la descentralización es clave, donde es necesaria la flexibilidad para poder adaptarse a estos cambios y así encontrar soluciones a problemas complejos. ¿De qué manera este momento histórico es el momento más propicio para cambiar la mirada, integrando un enfoque sistémico y desde la ciencia complejidad?

Si pensamos en la pandemia no desde el punto de vista de la salud sino a nivel global, el covid-19 es un problema complejo. No tenemos antecedentes. Todas las pandemias anteriores tienen algunos elementos comunes, pero esta es completamente nueva. Nunca hemos tenido una pandemia en este tipo de contexto, con las redes sociales como las que tenemos ahora, con el nivel de descentralización que tenemos ahora, con la globalización que tenemos ahora, con el nivel de dependencia a la tecnología que tenemos ahora, con el acceso a la tecnología que tenemos ahora. No hay precedentes cuando lo vemos en su conjunto.

El covid-19 es incontrolable –hasta ahora no hemos logrado controlar la pandemia–, es impredecible, porque lo que creíamos que sabíamos está cambiando día a día. Hay demasiada incertidumbre y en medio de eso tenemos que continuar con las cosas que no se detienen: nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones, tenemos que continuar manteniendo vivas las empresas y las organizaciones, tenemos que continuar sosteniendo a las comunidades, a las economías y a los distintos sistemas sociales.

Los problemas complejos sobrepasan nuestra capacidad individual de ver la película global. En este sentido, los liderazgos individuales ya no funcionan. El coronavirus eventualmente va a pasar, pero el problema no acaba con la vacuna, el problema no termina con la cura, el problema ya hizo un cambio a nivel mundial, cambió tanto las dinámicas, impactó tanto las economías de los países, las interacciones humanas, nuestra relación con la tecnología, que ahora estamos enfrentándonos a una nueva realidad que no hemos distinguido claramente.

Apenas estamos identificando los patrones de comportamiento del sistema (la forma en que el mundo se está comportando a partir del golpe que le dio el virus) y esta es la situación compleja real que tenemos que enfrentar como líderes, porque cuando el coronavirus pase, primero tenemos que sobrevivirlo (no sólo a nivel físico y de salud, sino también como economía, como sociedad) y luego no es que vamos a regresar a lo que fue, no podemos volver a ser las y los mismos que fuimos antes. Como líderes tenemos que empezar a pensar desde ya que esta es una nueva normalidad, que está desarrollándose en algo, que está evolucionando, pero nunca va a volver a ser lo mismo.

En este caso, lo que nos exige la crisis actual, es tener un liderazgo evolutivo, que va identificando lo que funciona y lo que no funciona a través de la experimentación, del ensayo y el error; que comprende que no somos la única influencia en esta situación, sino que hay muchas cosas influyendo y, por lo tanto, hay que involucrar a todas las cosas que están siendo elementos influyentes para ver las distintas perspectivas. Cuando se entiende una situación compleja como lo que es –una situación compleja– se involucra a todos los elementos del sistema para encontrar soluciones viables.

Cuando algo nos impulsa al cambio muchas veces existe resistencia. En este momento intento imaginarme como una organización, como una empresa, como un pequeño negocio, una corporación, una emprendedora, un gobierno, y pensar: cuando esto pase volveremos a la “normalidad”, sin embargo, hoy las cosas ya no son como eran antes. ¿Qué significaría tratar de volver a hacer y ser lo mismo que antes? ¿Cuáles son los riesgos de esta mirada?

Las y los líderes que piensan que pueden volver a la realidad pre covid-19 están ignorando cómo lo que nos está pasando también les está impactando directamente. No pueden pretender que, si a nivel de las personas estamos cambiando, la empresa o la organización se mantenga igual. El producto que hacen puede ser el mismo, el servicio que presten puede ser el mismo, pero las personas que lo hacen posible, ya no son las mismas. Hay mucha gente sufriendo estrés post traumático y estrés pre traumático, pérdidas de seres queridos y cambios radicales de vida. En muchos aspectos nuestro personal, va a ser irreconocible.

Ante esta nueva realidad, el liderazgo que teníamos ya no nos va a funcionar. Necesitamos formar un estilo de liderazgo que se adapte al nivel de complejidad de la realidad actual y de la que está por venir, que sea lo suficientemente flexible, de manera que lo que venga (que no podemos saberlo ahorita) podamos surfearlo como un surfista surfea las olas.

Un surfista no sabe qué ola le va a venir. Un surfista no tiene ningún control sobre la ola. Un surfista lo que sabe es manejar su tabla y manejar su equilibrio. Sabe montarse a una tabla sin caerse y agarrar lo que sea que venga con la ola y sobre ella, ir a la orilla. Un surfista no se preocupa por controlar la ola, no se estresa con controlar la ola, el surfista se concentra en su técnica, en lo que sí puede controlar: su cuerpo, su tabla y su habilidad de surfear.

Una o un empresario, una o un líder social lo que tiene bajo su control es su estilo de liderazgo, sus propias habilidades, el control sobre su mente, sobre sus emociones, de manera que pueda mantenerse siempre con perspectiva y con la mirada estratégica, teniendo la visión, manteniendo la misión para estar atenta/atento a los cambios que vienen y no cegarse ante ellos.

¿Cómo se vinculan estos nuevos liderazgos con el trabajo en alianzas? y menciono las alianzas porque los problemas globales y complejos requieren de acciones conjuntas, articuladas, interdisciplinarias y con enfoques intersectoriales.

Una oportunidad que tienen nuestras sociedades en este momento, es de que todo está por inventarse, todo está por responderse, hay demasiadas preguntas sin respuestas, hay demasiadas cosas que no podemos predecir. Esta pandemia nos puso a todas las personas, de alguna manera en el mismo nivel, porque todo el mundo está en incertidumbre o con algún nivel de incertidumbre. Eso nos pone a un nivel de pares que no teníamos en mucho tiempo. Lo único que es universal, es la incertidumbre.

Desde la perspectiva sistémica es una ventaja para el sistema: si todos nos estamos haciendo las mismas preguntas necesitamos de todas las demás respuestas. Necesitamos múltiples perspectivas y múltiples experimentaciones simultáneas para poderle encontrar soluciones a este problema complejo.

Nunca antes en la historia de la humanidad, habíamos tenido el nivel de interdependencia que tenemos ahora: con el medio ambiente, con las otras personas, con la economía. Ahora estamos viendo mucho más claro, cómo todo afecta y es afectado por todo.

Con la gran cantidad de actores sociales con quienes has estado interactuando de forma intensiva de cara a y en respuesta a la crisis del covid-19, ¿qué oportunidades has visto en común y cuáles son los principales retos?

Lo que he encontrado en común son los principales retos. Sin importar el tipo de sector al que pertenezcan, están teniendo que lidiar con el liderazgo a distancia y están sintiendo que hay más pérdidas y menos aprovechamiento de los recursos, al no saber cómo hacerlo y cómo manejarlos. No saben cómo liderar a distancia y sacar el máximo provecho a su sistema (empresa, organización o comunidad). Tampoco saben cómo aprovechar al máximo los recursos y cómo identificar recursos donde no los habían visto antes.

Muchas y muchos líderes ni siquiera tiene claro de que la única forma de sobrevivir es descentralizando el liderazgo para que el sistema asuma el problema como complejo. Lo que necesitamos hacer como líderes es, primero aprender a sacar la cabeza mientras estamos debajo de la ola para poder tomar aire y luego aprender a surfear para montarnos en la ola, pero mientras desarrollamos esas habilidades, necesitamos delegar, necesitamos distribuir la responsabilidad de la sobrevivencia de la empresa y la organización, y de la sociedad de manera más compartida.

¿Cómo se traduce en lo concreto la descentralización?

Significa involucrar a todo el mundo en pensar cómo vamos a salir del reto que se está enfrentando. Ya no es algo que sólo le compete a la o el líder, porque no hay capacidad. No es un tema de humildad, es un tema de estrategia, que pasa por la humildad. Un buen líder es el que saca adelante a su empresa u organización, no el que se destaca. Un buen líder, no es el que tiene todas las respuestas sino el que sabe hacer las mejores preguntas y sabe a quién hacérselas.

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Sobre la entrevistada:

* Virginia Lacayo es presidenta de la Junta Directiva del FCAM. Es coach ejecutiva y de equipo certificada por INCAE Business School (Costa Rica) y S.U.N. (Sucess Unlimited Network, London). Tiene una certificación como Coach Personal otorgada por The Life Coaching School (U.S.A.). Cuenta con un doctorado y una maestría en Comunicación con énfasis en cambio de comportamiento individual y colectivo de la Universidad de Ohio, y más de 20 años de experiencia en temas de liderazgo en contextos complejos e inciertos. Ha trabajado como coach ejecutiva, consultora, investigadora, conferencista, facilitadora y académica con líderes y proyectos de desarrollo en América Latina, Estados Unidos, África, países del Sudeste asiático y Europa. Sus metodologías combinan herramientas y competencias de Coaching, Neuroplasticidad, Estructuras Liberadoras, Design Thinking y teorías y metodologías basadas en la Ciencia de la Complejidad y el Pensamiento Sistémico.