Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero". Alejandra Pizarnik, argentina, poeta y escritora.

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Afro poderosas, afro hermanadas ¡Juntas somos más fuertes!

Por: Hashanna Simmons.

La negritud en nuestros territorios tiene miles de ejes que se articulan. Por un lado, somos de sangre cimarrona: defendemos a capa y espada nuestra sangre y ancestralidad, nos sentimos orgullosas de ser lo que somos y de ir día a día combatiendo el racismo.

Al llegar a casa nuestras almas no descansan, piensan siempre en cómo encontrar soluciones a la falta de agua potable en Limón de Costa Rica, en la lucha contra el machismo en Cuajinicuilapa, Guerrero México y en la impotencia de sentir nuestros pueblos empobrecidos. Por otro lado, nos damos cuenta que el COVID-19 ha reflejado la gran brecha que nos cruza a las mujeres afrodescendientes y que, a pesar de vivir en latitudes diferentes, compartimos las mismas experiencias de desánimo y de frustración al ver la falta de indicadores reales que reflejen cuánta población afrodescendiente ha muerto en esta pandemia.

Les quiero contar mi historia y la de Mijane, y de cómo a través de las redes sociales y de la internet hemos construido una red de apoyo que nos permite abrazarnos y sanar heridas profundas desde un océano que nos separa.

Nuestra historia comienza así…

Todo ocurrió en 2019, en una reunión de alto nivel y diálogo de personas negras del continente, en San José, Costa Rica. En el espacio había una gran diversidad de ideas y de protagonismos (de personas mayores y otras no tanto), que evidenciaban la falta de empatía hacia las primeras infancias y las juventudes afros.

En medio de esa diversidad nos conocimos dos familias, quienes decidimos intercambiar números telefónicos y redes sociales, ya que queríamos mantener el contacto para crear una forma de intercambio cultural y poder acuerparnos, aliarnos, cobijarnos y arroparnos en momentos difíciles, ya que compartíamos los mismos sentimientos de lucha y ganas de construir en colectiva, desde nuestro ser mujer, ser joven y ser afrodescendientes.

Intercambiando saberes ancestrales

Entre las dos familias hemos hablado que tenemos ancestras que nos comparten recetas y saberes ancestrales. Un ejemplo claro es doña Cira Rodríguez, de Cuaji, lugar donde vive mi amiga afro mexicana. Ella a través de sus pláticas le comparte de manera sencilla remedios caseros para aliviar el pesar, quitar el mal de ojo y el mal aire o envidia.

En mi caso, mi abuela doña Laura Wilson Robinson, ha sido la portavoz de los saberes ancestrales del Limón. Mi abuela es una mujer negra que a través de los años nos ha heredado las recetas para nuestro bienestar y ahora para que yo las comparta con mi hermana afro mexicana, que se encuentra al otro lado del mar, con la que a veces no puedo comunicarme porque en su pueblo no hay luz eléctrica o porque en el mío no hay internet.

La medicina ancestral es la forma de sanación más importante y certera para nosotras las mujeres afrodescendientes. Las mujeres negras creemos que por medio de la naturaleza tenemos todos los remedios para nuestras enfermedades. En el medio ambiente encontramos plantas, raíces, aire puro, sol, agua y toda la nutrición para el cuerpo. La naturaleza nos brinda los recursos que necesitamos para nuestro bienestar.

Varias veces Mijane (mi amiga afro mexicana) y yo, hemos intercambiado nuestras recetas de medicina ancestral para combatir pequeñas enfermedades. Para la tos utilizamos cebolla morada y miel, para la fiebre utilizamos Tuna (nopal) agua y un trapito, para la gripe, té de jengibre con limón y miel.

Las recetas medicinales y gastronómicas (ancestrales) que hemos intercambiado, han sido utilizadas por nuestras familias de generación en generación. Una de las que más me impactó fue la de curar el “mal aire o mal de ojo”, con humo de tabaco —aspirado previamente por la persona— y arrojado en el ojo o debajo de la cama, pues con eso se alejan las malas energías. El contexto afro mexicano es muy interesante. También hablamos de desparasitarnos con té de epazote por las mañanas, así como la manzanilla para la desinflación del vientre en días menstruantes.

Los saberes ancestrales cruzan fronteras y océanos, cuando es el amor colectivo el que nos une, así como los principios de luchar por nuestra tierra y por las personas que vivimos en ella.

4 Real Women International (4RWI)

Sin duda tener referentes de lucha ha sido importante y no es necesario que el mundo las reconozca, nosotras podemos hacerlo y una de las personas más esenciales en mi vida es mi abuela, pues ella tiene un grupo de mujeres afrodescendientes tanto a nivel nacional como internacional. El grupo se llama 4 Real Women International (4RWI), este grupo está encargado de crear espacios de empoderamiento para las mujeres de todas las edades, en diferentes comunidades.

Ellas llevan a cabo charlas participativas que incluyen la opinión de todas las mujeres que asisten a los eventos. Ayudan a las mujeres en su desarrollo integral y les dan asistencia al salir de sus hogares cuando sufren maltrato. Durante las charlas participan profesionales de diferentes áreas, tanto políticas como médicas, para brindar asistencia integral a mujeres y niñas afrodescendientes.

El aporte de este grupo en la lucha y defensa de las mujeres y sus derechos humanos, ha sido muy grande en la comunidad del caribe sur costarricense.

La pandemia no nos detuvo

El andar de mi amiga afro mexicana no dista de lo que mi abuela Laura hace, pues Mijane es presidenta de una organización civil afro mexicana que se encarga de la defensa de los derechos humanos de las mujeres negras de México. Yo desconocía la existencia de mis hermanas y hermanos negros en ese país.

Mijane ha hecho una labor comunitaria, incluso en tiempos de pandemia, apostando por la sostenibilidad alimentaria con huertos orgánicos y pollas ponedoras, es decir, que las familias afro mexicanas generen sus alimentos.

Cuando conversamos, hablamos de lo cansado que es para nosotras estar de cara a la pandemia, tratando de buscar una esperanza a nuestras comunidades, pues a su vez, yo, una joven de 20 años afro costarricense, me desenvolví de gran manera para colaborar en mi pequeña comunidad y facilitar el camino a muchas familias, en representación de la juventud afro talamanqueña, formé parte de un comité llamado cahuitaVScovid-19 (vinculado con la comisión nacional de emergencia), en el cual ejercí un voluntariado. Mi posición en ese comité era encargada general de la bodega, me tocaba llevar conteo diario de lo había en la bodega, armar más de 200 bolsas de diarios bisemanalmente. Más que un voluntariado lo tomé como un aporte a mi comunidad y como una forma de aprendizaje.

Acción colectiva

La unión entre nosotras es muy grande e importante. Al ayudarnos en varios campos sociales estamos aportando de forma colectiva a la lucha antirracista, a la igualdad y equidad de género, y de esta forma crear nuevos espacios para nuestras hijas y hermanas.

Al trabajar de forma colectiva logramos nuestras metas de forma eficaz, eficiente y rápida, ya que las actividades que se concentran en luchas y trabajos colectivos más que individuales, destacan la importancia de crear alianzas para poder lograr un objetivo específico para el bienestar mayor de un grupo de personas.

En nuestro caso, ni el océano ni la gran distancia que nos separa nos impide crear formas de trabajo juntas; nos llamamos constantemente, intercambiamos ideas y nos cobijamos, porque juntas somos más fuertes.

Autocuidado individual y colectivo

El autocuidado individual y colectivo es un tema que nosotras como mujeres jóvenes y negras no asumimos, pues se nos ha enseñado a trabajar por las demás personas que nos rodean.

En contexto de pandemia muchas de nosotras caímos en crisis emocionales y no teníamos con quién compartir de manera física, pues estábamos en aislamiento. Tampoco ha sido fácil aceptar que no estamos individualmente bien y que la heroína de su propia lucha está mal, es por eso que nosotras reflexionamos, coincidimos y nos abrazamos, para decir que hoy más que nunca las mujeres tenemos que pensarnos desde nuestro cuidado, decir con voz fuerte qué podemos hacer y qué no, pues cuando estamos sobre cansadas por tanto activismo físico y en línea, lastimamos nuestro ser y nuestra alma.

Este es uno de los puntos y acuerdos que tomamos juntas: la honestidad sin dolor, porque también debemos cuidar cómo nos comunicamos entre nosotras, el amor sin que se vuelva protección, la responsabilidad sin que sea carga de trabajo.

Estas somos nosotras, construyendo a distancia y en colectiva, para pensarnos en un mundo mejor para nosotras y para las que vienen, y para cuidar de quienes nos fortalecen desde la ancestralidad.

No ha sido nada fácil existir y resistir, la resiliencia es una herencia de nuestras ancestras y ancestros. Nosotras contamos a quienes nos siguen, ellas a sus hijas y yo a mis hermanas. Es necesario que en tiempos tan difíciles nos cobijemos y arropemos, sepamos que el amor de las mujeres está ahí a pesar de la distancia, un mensaje de aliento, un correo electrónico y hasta una llamada telefónica pueden cambiar un día echado a perder por personas racistas, aún en el contexto de George Floyd y Breonna Taylor, nosotras alzamos la voz y decimos, aquí estamos, aquí estuvimos y aquí estaremos.